1. INTRODUCCIÓN
⌅El yeísmo, junto al seseo, representan los dos principales macrofenómenos variacionales del español. Por un lado, la existencia o no existencia del fonema /θ/ en el inventario fonológico permite distinguir entre dos subsistemas, uno distinguidor de /θ/ y /s/ (España centroseptentrional) y uno no distinguidor, seseante (América, Canarias, parte de Andalucía). Por otro lado, tenemos los dos subsistemas representados por la distinción entre el fonema lateral palatal sonoro /ʎ/ y el fonema fricativo palatal sonoro /ʝ/ vs. la no distinción (subsistema yeísta: confluencia de /ʎ/ en /ʝ/).
Desde una perspectiva normativa, mientras que el fenómeno del seseo todavía puede insertarse de forma clara en el marco del pluricentrismo actual (y panhispanismo académico)1
2. EL YEÍSMO EN LOS REPERTORIOS ACADÉMICOS
⌅En esta contribución nos proponemos analizar tanto los artículos lexicográficos académicos como las menciones en las demás obras académicas que se refieren al yeísmo2
2.1. La voz yeísmo en la 13.a edición del DRAE (1899)
⌅Tradicionalmente, seseo y yeísmo se consideran fenómenos lingüísticos apareados porque ambos son amplios desde un punto de vista cuantitativo y son el resultado de un proceso histórico de desfonologización, ocurrido, el seseo, como consecuencia de la fusión de las consonantes dentales /s̪, z̪/ (procedentes de /ʦ, ʣ/) del castellano medieval con las alveolares /s̺, z̺/, que dio como resultado /s̪, z̪/, y de la pérdida del contraste de sonoridad, de manera que /s̪, z̪/ → /s̪/ —proceso que había empezado en zonas de Andalucía occidental a finales del siglo XV (RAE y ASALE, 2011RAE (Real Academia Española) y ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) (2011). Nueva gramática de la lengua española. Fonética y fonología. Espasa., p. 167)—; el yeísmo, como resultado de un proceso de deslateralización del fonema lateral palatal /ʎ/, que confluye en el constrictivo palatal /ʝ/4
Sin embargo, esta coincidencia tradicional no se refleja en un acoplamiento semejante en la historia de las voces recogidas en los diccionarios académicos, ya que la lematización de yeísmo es bastante posterior con respecto a la de sesear (recogido ya a partir de Autoridades) y seseo (6.ª ed., 1822), puesto que se remonta a la última edición del DRAE del siglo XIX, la 13.ª (1899).
Cabe observar, asimismo, que la voz no se había mencionado antes en otras obras académicas, como Ortografías o Gramáticas, ni se había lematizado en otros repertorios de la tradición no académica. Esta, en cambio, aprovechará inmediatamente la inserción, ya que la entrada figura en el Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua castellana (Toro y Gómez, 1901Toro y Gómez, M. de (1901). Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua castellana. Librería Armand Colin – Hernando y Cía.).
A pesar de la decisión de introducir la etimología de los lemas ya a partir de la edición anterior (12.ª, 1884), en DRAE 1899 la voz no presenta ninguna procedencia, seguramente por “la fácil descomposición de aquellas voces complejas que presentan un significado transparente” (Buenafuentes de la Mata, 2021Buenafuentes de la Mata, C. (2021). Entre la etimología y la lexicogénesis: la procedencia de los lemas en la lexicografía académica de finales del siglo XIX (DRAE 1884 y DRAE 1899). En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 191-218. p. 197). En efecto, la definición contiene el nombre del grafema objeto de la pronunciación. Por coherencia interna generalizada, la etimología de yeísmo llegará a introducirse solamente a partir de la edición vigente (23.ª, 2014García de la Concha, V. (2014). La Real Academia Española. Vida e historia. Espasa.): “De ye e -ismo”.
A diferencia de varios otros casos, registrados por Clavería Nadal (2003Clavería Nadal, G. (2003). La Real Academia Española a finales de siglo XIX: El Diccionario de la lengua castellana de 1899 (13.ª edición). Boletín de la Real Academia Española, LXXXIII, 255-336., p. 286), como origenismo/origenista, plutonismo/plutonista, en DRAE 1899 no se inserta el adjetivo/sustantivo correspondiente yeísta (solo se hará mucho más tarde, en el Suplemento de la 19.ª ed., 1970). También esta voz carece de etimología en DRAE 1970 (y sigue careciendo de ella en la vigente).
Conviene resaltar, además, que, aun siendo la de 1899 la edición en la que se incorpora la marca diatécnica Ling., la voz yeísmo no aparece marcada así (Muñoz Armijo, 2012Muñoz Armijo, L. (2012). La historia de los sufijos -ismo e -ista: evolución morfológica y semántica en la tradición lexicográfica académica española. Cilengua., p. 162).
A diferencia del fenómeno del seseo, el yeísmo nace, desde el punto de vista lexicográfico, como concepto ya marcado por una actitud de rechazo en la definición:
Yeísmo. m. Defecto que consiste en pronunciar la elle como ye, diciendo, por ejemplo, gayina, por gallina; poyo por pollo.
En efecto, el seseo fue recogido primeramente como concepto neutro (“Pronunciar las cc como ss al hablar” en el Diccionario de Autoridades) y tildado de defectuoso a partir de la edición de 1884 (Dalle Pezze y Miotti, 2023Dalle Pezze, F. y Miotti, R. (2023). El seseo entre fonología, dialectología y norma: desarrollo ideológico en las obras académicas. En G.Bazzocchi, J. C. Barbero Bernal, M.ª F. Bermejo Calleja, C. Castillo Peña, A. L. de Hériz Ramón, H. E.Lombardini, M.ª E. Pérez Vázquez, M.ª J. Valero Gisbert, A. L.de Hériz Ramón y M.ª T.Sanmarco Bande (Eds.), Nosotros somos nos y somos otros. Estudios dedicados a Félix San Vicente. Bologna University Press, 381-392. 10.30682/sitlec44, p. 382). Probablemente, el mismo cambio de actitud (“Pronunciar la ce como ese por vicio ó por defecto orgánico”) pudo influir en la redacción de la definición de tipo prescriptivo del otro fenómeno.
Para entender las razones de la actitud proscriptiva y prescriptiva de la RAE no hay que olvidar que, como subrayan Satorre Grau y Viejo Sánchez, si bien la Academia “nunca ha emprendido la empresa de fijar la manera correcta de pronunciar la lengua española” (2013Satorre Grau, F. J. y Viejo Sánchez, M.a L. (2013). Ortología. En M.a T.Echenique Elizondo y F. J.Satorre Grau (Eds.), Historia de la pronunciación de la lengua castellana. Tirant Humanidades, 337-379., p. 339), sin embargo, “La formulación de reglas e indicaciones sobre la correcta pronunciación de los hablantes de español [...] ha sido [...] un elemento concomitante, consecuencia del interés por lograr una manera rigurosa y exacta de representar gráficamente la lengua [...]” (Satorre Grau y Viejo Sánchez, 2013Satorre Grau, F. J. y Viejo Sánchez, M.a L. (2013). Ortología. En M.a T.Echenique Elizondo y F. J.Satorre Grau (Eds.), Historia de la pronunciación de la lengua castellana. Tirant Humanidades, 337-379., p. 340) —de acuerdo, sobra decirlo, con el modelo tradicional de pronunciación castellana centroseptentrional—.
Se trata del eterno afán de lograr una correspondencia biunívoca entre grafemas y fonemas con el que la ortografía del español lidia desde el siglo de Oro (piénsese, solo por mencionar el nombre del más célebre defensor de este principio, en Gonzalo Correas).
En las descripciones de las entradas correspondientes a la letra l, en el Diccionario de Autoridades y en las tres primeras ediciones del DRAE (1780, 1783, 1791), y a la letra ll, en las ediciones de la primera mitad del siglo XIX (a partir de la 4.ª de 1803), aparece claro que la articulación correspondiente a ll tiene que ser la lateral palatal. Por ejemplo, en el Diccionario de Autoridades —donde “se recoge una parte de la tradición descriptiva anterior, aunque apenas tienen [sic] relevancia el problema de la vinculación grafía-pronunciación” (Pozuelo Yvancos, 1989Pozuelo Yvancos, J. M.a (1989). Las primeras descripciones fonéticas de la Real Academia Española. Estudios románicos, 5, 1165-1184., p. 1173)—, tomo IV (1734), s.v. l:
DUODECIMA letra de nuestro Alphabeto, y novena entre las consonantes. […] Pronunciase comenzando en los dientes de abaxo, y rematando con la lengua en el paladar. Junta con otra l tiene especial pronunciación en nuestra Lengua, enteramente semejante a la Gl de los Italianos, o a la Lh de los Portugueses: y esto se usa en principio de dicción o en medio de ella entre dos vocales: como Llano, Llúvia, Calle, Malla.
Y en DRAE 1803, s.v. ll5
Decimaquarta letra de nuestro alfabero, la qual es doble en la figura porque se compone de dos ll juntas, y sencilla en su valor porque es expresiva de aquel sonido que explican las voces llave, lleno, mellizo, lloro, lluvia: el qual distinguen los franceses con dos ll precedidas de la i, que llaman L mojada, los italianos con el gli, en las voces de sonido que ellos llaman schiaciato [sic], y los portugueses con la lh.
La descripción articulatoria se suprime en los artículos lexicográficos correspondientes a vocales y consonantes (véase la nota 5) en las ediciones del DRAE entre la 11.ª (1869) y la 18.ª (1956): en las entradas aparecerá solamente el número de orden de la letra y su nombre (esporádicamente, alguna información ortográfica). Es en este lapso de tiempo cuando la voz yeísmo aparece por primera vez en el DRAE (13.ª edición, 1899), ya con acepción negativa, como se ha dicho —actitud que permanecerá inalterada hasta la 18.ª ed. de 1956—. El cambio de actitud, como veremos en el § 2.2, se notará solo a partir de la 19.ª ed., tanto s.v. yeísmo como en la entrada correspondiente a ll.
Para abordar el estudio del desarrollo ideológico del yeísmo en las obras académicas, conviene, ante todo, reconstruir la coyuntura cultural —tanto la perteneciente a la técnica lexicográfica académica como la de la sociedad del momento— de los años en que se gestó la 13.ª edición.
En primer lugar —y en términos muy generales—, según los datos proporcionados por Clavería Nadal (2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., p. 33) el DRAE 1899 es el segundo en cuanto a número total de adiciones de lemas y formas (más de 3000 en ambos casos) en todo el siglo XIX, siendo el primero el DRAE 1884. Los diccionarios de los últimos treinta años del siglo (DRAE 1869, 1884 y 1899) —que pueden considerarse un conjunto de tres obras innovadoras que se inscriben en una misma línea evolutiva (Clavería Nadal, 2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., p. 31)— reflejan el cambio de perspectiva de la Corporación ante la presión ejercida por el paradigma no académico coevo (Esparza, 1999Esparza, M. Á. (1999). La lexicografía monolingüe española del siglo XIX: un conflicto de paradigmas. Romanistik in Geschichte und Gegenwart, 5(1), 49-65., p. 50).
Más específicamente, en esa edición se observa la inserción de muchas voces acabadas en -ismo/-ista, debido a su carácter científico y moderno (Clavería Nadal, 2003Clavería Nadal, G. (2003). La Real Academia Española a finales de siglo XIX: El Diccionario de la lengua castellana de 1899 (13.ª edición). Boletín de la Real Academia Española, LXXXIII, 255-336., p. 285; Muñoz Armijo, 2012Muñoz Armijo, L. (2012). La historia de los sufijos -ismo e -ista: evolución morfológica y semántica en la tradición lexicográfica académica española. Cilengua., p. 114), lo que es “reflejo de un modelo de lengua y de un modelo de léxico en permanente evolución” (Clavería Nadal, 2016Clavería Nadal, G. (2016). De vacunar a dictaminar. La lexicografía académica decimonónica y el neologismo. Iberoamericana, Frankfurt: Vervuert., p. 36). Voces como sansimonismo, electromagnetismo, anarquismo, mercantilismo forman parte de un considerable ensanchamiento del léxico político, científico y económico, que Clavería Nadal (2003Clavería Nadal, G. (2003). La Real Academia Española a finales de siglo XIX: El Diccionario de la lengua castellana de 1899 (13.ª edición). Boletín de la Real Academia Española, LXXXIII, 255-336., p. 285) cuantifica en un centenar de derivados más (sumando los acabados en -ismo e -ista) respecto a la edición anterior. Por lo que atañe al ámbito de la lingüística, cabe observar que se trata de la misma edición en la que se introducen las voces laísta, leísta, loísta (Clavería Nadal, 2003Clavería Nadal, G. (2003). La Real Academia Española a finales de siglo XIX: El Diccionario de la lengua castellana de 1899 (13.ª edición). Boletín de la Real Academia Española, LXXXIII, 255-336., p. 285), aunque no figuran los lemas correspondientes referidos al fenómeno sintáctico como concepto abstracto (laísmo, leísmo, loísmo). En las definiciones de laísta y loísta no se aprecia ningún reparo normativo (“Aplícase á los que dicen siempre la y las, tanto en el dativo como en el acusativo del pronombre ella”; “Aplícase al que usa siempre el lo para el acusativo masculino del pronombre él”), mientras que en la de leísta se percibe un distanciamiento del punto de vista, expresado mediante el uso evidencial de sostener (“Aplícase á los que sostienen que le debe ser el único acusativo masculino del pronombre él”) y se vislumbra, detrás del deóntico deber, el asunto prescriptivo. Sin embargo, cuando se insertan por primera vez los sustantivos laísmo, leísmo y loísmo, en la 16.ª ed. (1936), se les reserva la definición de “vicio” para el primero y el último (hasta la 22.ª, 2001, que define “empleo irregular” el laísmo y “error” el loísmo).
La incorporación de yeísmo, pues, respondería a un acrecentamiento general de los nomina qualitatis acabados en -ismo y, más concretamente, de un grupo de palabras metalingüísticas en las que puede entreverse —con diferentes posturas y matices— la actitud prescriptiva académica en la época.
Otro factor que merece la pena analizarse es la relación de la Academia con la atención general a la enseñanza a raíz de la publicación de la Ley de Instrucción Pública, la ley Moyano (1857), según cuyo dictamen la Gramática de la Corporación pasó a ser texto obligatorio y único en las escuelas de enseñanza pública. Como resume Gallardo Richards (2021Gallardo Richards, E. (2021). Las voces relativas a la enseñanza en la lexicografía académica (DRAE 1869, 1884, 1899). En M.ª Á. Blanco Izquierdo y G. Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 441-463., pp. 444-446), esta ley afianzó las disposiciones reales anteriores (como la Real Cédula de 1780 o la Real Orden de 1844) y contribuyó a la aparición de obras paralelas de uso escolar (Prontuario, Epítome y Compendio) por parte de una institución que había mostrado afán pedagógico desde sus inicios y en todos sus productos (también el diccionario, evidentemente). Opinar sobre los defectos de pronunciación, pues, implicaría emprender una buena práctica didáctica.
Además, por los mismos años en los que la Academia preparaba la 13.ª edición debieron de circular varias referencias al defecto en los manuales para la enseñanza. A modo de ilustración, recordemos que Rufino Blanco y Sánchez, en su Arte de la lectura (1.ª ed. 1894Blanco y Sánchez, R. (1894/1909). Arte de la lectura (4.a ed.). Imp. de la Revista de Archivos., cinco años antes de la publicación del DRAE), trata de los vicios de articulación y afirma que
Basta con que la lengua no toque al paladar para que se pronuncie la articulación ye, en vez de la lle, y se diga poyo en lugar de pollo. Este defecto, llamado yeísmo, es muy común en Andalucía y aun en en [sic] Madrid
(Blanco y Sánchez, 1894Blanco y Sánchez, R. (1894/1909). Arte de la lectura (4.a ed.). Imp. de la Revista de Archivos./1909 p. 99).
En la portada de la ed. de 1909 se lee “Obra declarada de texto para escuelas normales é informada muy laudatoriamente por la Real Academia Española”. Asimismo, en el prefacio se afirma que
Sometido [el libro] —y no sin temor— á la censura de la Real Academia Española, la docta Corporación se sirvió acordar un informe, de tal suerte lisonjero, que constituye uno de los más preciados títulos literarios del autor de estas líneas.
(Blanco y Sánchez, 1894Blanco y Sánchez, R. (1894/1909). Arte de la lectura (4.a ed.). Imp. de la Revista de Archivos./1909 p. VIII)
Al hilo de estas consideraciones, cabe preguntarse si a las nociones de “defecto” y “vicio” subyacen acepciones distintas. Recordemos que “sesear” es, para la Academia (desde la 12.ª ed. de 1884 hasta la 18ª de 1956), “Pronunciar la ce como ese por vicio ó por defecto orgánico”, mientras que el yeísmo, como hemos visto, es un “Defecto que consiste en pronunciar la elle como ye [...]”: ambos fenómenos se producirían, por tanto, por algún tipo de defecto (orgánico); el seseo, por su parte, además de una pronunciación defectuosa, se considera también un vicio.
De las respectivas entradas —citamos por la edición de 1899— se desprende que, en sus primeras acepciones, “defecto” y “vicio” son nociones muy parecidas y parcialmente coincidentes; parecería tratarse pues —a simple vista— de un simple binomio sinonímico, tan propio de la retórica de la lengua española:
Defecto. (Del lat. defectus.) m. Carencia ó falta de las cualidades propias y naturales de una cosa. || Imperfección natural ó moral [...].
Vicio. (Del lat. vitĭum.) m. Mala calidad, defecto ó daño físico en las cosas. || Falta de rectitud, ó defecto moral en las acciones. II Falsedad, yerro ó engaño en lo que se escribe ó se propone. VICIOS de obrepción y subrepción. || Hábito del mal obrar. || Defecto ó exceso que, como propiedad ó costumbre, tienen algunas personas, ó que es común á una colectividad [...].
Sin embargo, si cotejamos más detenidamente las entradas del diccionario académico, notaremos que se diferencian por un importante matiz diferenciador: si el defecto es simplemente una “Carencia ó falta de las cualidades propias y naturales de una cosa” o una “Imperfección natural ó moral”, el vicio supone, además, un “Defecto ó exceso que, como propiedad ó costumbre, tienen algunas personas, ó que es común á una colectividad”6
La RAE, en suma, consideraba el yeísmo como un defecto en la medida en que supone un debilitamiento articulatorio, debido a la incapacidad, por parte del hablante, de activar de manera satisfactoria la compleja acción articulatoria que se requiere para producir el fonema lateral palatal. Es lo que quiere hacernos entender Rufino Blanco y Sánchez en su Arte de la lectura —aunque sin entrar en detalles articulatorios—, donde dice: “Basta con que la lengua no toque al paladar para que se pronuncie la articulación ye” (véase la cita reproducida más arriba). Ese debilitamiento podía ser considerado como síntoma de una falta de vigor, por tanto, una imperfección que corregir7
Por supuesto, la mirada monocéntrica —concretamente, eurocéntrica, y más precisamente “castellanocéntrica”— determinaba una actitud de condena del yeísmo hispanoamericano también.
De hecho, no se puede soslayar la importancia de la relación de la Academia con América, ya que la 13.ª edición afianza los neologismos relacionados con ella (Clavería y Hernández, 2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., pp. 413-414). Recordemos, asimismo, que en 1892 tuvo lugar la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América y se celebró el Congreso Literario Hispano-Americano, convocado por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, “muy centrado en la cuestión de la unidad de la lengua” (Clavería Nadal y Hernández, 2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., p. 414). En fin, en DRAE 1899 se “reflejan las tensiones culturales existentes entre España y América en la última década decimonónica” (Clavería Nadal, 2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., p. 46).
Sea como fuere, fuera del ámbito de la lexicografía académica no parece notarse una especialización de “defecto” y “vicio” —siempre y cuando sea posible vislumbrar un empleo especializado en las microestructuras de yeísmo y seseo en los diccionarios académicos, como hemos sugerido—: más bien, parece notarse un uso indiferenciado de los dos términos por parte del mismo autor, o bien una preferencia por uno o por el otro.
Solo por poner unos ejemplos —los textos que vamos a mencionar a continuación son todos anteriores a DRAE 1899—, en la primera mitad del siglo XIX Mariano José Sicilia, en sus Lecciones elementales de ortologia y prosodia (tomo II), habla de “pronunciacion defectuosa”.
Los Castellanos Viejos son celosísimos de la pronunciacion de la elle, la pronuncian bien, y de ellos es de quienes debe aprenderse á practicar debidamente esta articulacion. Entre los Andaluces son muy pocos los que la pronuncian con toda su blandura, y hay muchos que ni aun alcanzan á percibir su diferencia de la y consonante, razon por la cual quisieran algunos hasta desterrarla del alfabeto. Los Castellanos cuya antipatia con los Andaluces es muy antigua y muy tenaz, les echan en cara esta falta, y para expresar que es menester guardarse de ellos, tienen un refran que dice: Poyo, gayina y gayo, ni oiyo, ni veyo, ni mentayo. Pronunciando todas estas voces con y consonante en lugar de la elle, hacen alusion á los naturales de Andalucia, á quienes es fácil reconocer por esta pronunciacion defectuosa
(Sicilia, 1827Sicilia, M. J. (1827). Lecciones elementales de ortología y prosodia (Tomo II). Librería americana., pp. 9-10, nota a pie de página).
Por su parte, Andrés Bello, en Principios de ortolojia y métrica de la lengua castellana, se refería al fenómeno del yeísmo (sin mencionar el término) como “vicio”:
Ll, Y. Es un vicio confundir estos dos sonidos, como lo suelen hacer los americanos y andaluces, pronunciando, verbigracia, Seviya; de que resulta que se empobrece la lengua, y desaparece la diferencia de ciertos vocablos, como vaya y valla, haya y halla, poya y polla, poyo y pollo, rayo y rallo, cayado y callado, cayó y calló, etc.
(Bello, 1835Bello, A. (1835). Principios de ortolojia y métrica de la lengua castellana. Santiago de Chile: Imprenta de la Opinión., p. 10).
Ya en la segunda mitad del siglo, Manuel Torrijos redacta, en 1865, El arte de bien hablar, una coleccion completa (para estudio de los niños) de los principales disparates, modismos provinciales, defectos de pronunciacion, locuciones ridículas etc. que sueltan en su conversacion los que no saben su idioma, acompañado todo de su rectificacion correspondiente, como se especifica en el propio título. Entre “los defectos de pronunciacion” menciona el fenómeno del yeísmo (sin utilizar, sin embargo, este término), a propósito del cual afirma:
Creemos también de nuestro deber, ántes de concluir este pequeño trabajo, decir que en las conversaciones deben evitarse locuciones tan absurdas como las siguientes [...] amen de otros muchos defectos de pronunciacion, como cabayo, gayo, gayina, poyo, royo, etc., en vez de caballo, gallo, gallina, pollo, rollo, etc.
(Torrijos, 1865Torrijos, M. (1865). El arte de bien hablar. Coleccion completa (para estudio de los niños) de los principales disparates, modismos provinciales, defectos de pronunciacion, locuciones ridículas etc. que sueltan en su conversacion los que no saben su idioma, acompañado todo de su rectificacion correspondiente. Imprenta de F. Martínez García., p. 31).
También el colombiano José Manuel Marroquín, en sus Tratados de ortología y ortografía de la lengua castellana —“una adaptación pedagógica de la doctrina de Bello” (Quijada Van den Berghe, 2014Quijada Van den Berghe, C. (2014). Contribución de los tratados de ortología decimonónicos a la historia de la fonética española. Revista argentina de historiografía lingüística, VI(2), 161-180., p. 172)—, habla de “los defectos con que afeamos nuestra lengua”; en particular, al referirse al yeísmo (que, sin embargo, no menciona como tal), dice: “Es un gran defecto confundir la ll con la y” (Marroquín, 1869Marroquín, J. M. (1869). Tratados de ortología y ortografía. Imprenta de Gaitan., p. 10).
Por su parte, Pedro Felipe Monlau, en su Vocabulario gramatical de la lengua castellana, habla, s.v. pronunciacion, de vicios: “El ceceo, el checheo, el lambdacismo, el metacismo, el rotacismo, el seseo, el yeísmo (articular como y la ll), etc., etc., son vicios de pronunciacion” (Monlau, 1870Monlau, P. F. (1870). Vocabulario gramatical de la lengua castellana. Imprenta y Estenotipia de M. Rivadeneyra., p. 176).
También habla de vicio el filólogo venezolano Baldomero Rivodó en sus Nociones de ortología castellana:
En algunas provincias acostumbran dar á la ll el sonido de la y; pero esto es un vicio que debe evitarse, dando á cada una de estas letras el sonido peculiar que le pertenece
(Rivodó, 1874Rivodó, B. (1874). Nociones de ortología castellana. Caracas: Imprenta Nacional., p. 77).
Y añade, al referirse a la letra y:
Muchos confunden al hablar el sonido de la y griega con el de la ll; pero esto es un vicio que debe evitarse, y sobre lo cual hemos hablado en la letra Ll
(Rivodó, 1874Rivodó, B. (1874). Nociones de ortología castellana. Caracas: Imprenta Nacional., p. 117).
El uso indiferenciado de los dos términos se puede observar en el ya mencionado Arte de la lectura (1894) de Rufino Blanco y Sánchez, el cual al anunciar, en el título del capítulo IV, los “vicios de articulación y manera de corregirlos”, pasa a detallar cada uno de ellos definiéndolos como “defectos”.
Consideramos interesante, finalmente, reproducir también la opinión de Felipe Robles Dégano, el cual, apenas iniciado el nuevo siglo (seis años después de la publicación de DRAE 1899), condena el yeísmo tachándolo de “ridículo vicio”; nótense las palabras resentidas, los tonos enardecidos y las imágenes pintorescas de que el autor se sirve, en su Ortología clásica de la lengua castellana, para expresar su crítica:
Los americanos pronuncian viciosamente la ll con un sonido que más se parece á la i que á la y: los andaluces, los chulos y cursis de Madrid y otros puntos, la pronuncian como y. [...]. De pocos años hasta ahora se ha propagado extraordinariamente este ridículo vicio, que amenaza de acabar con nuestra ll: y lo peor es que muchos y muchas lo tienen como cosa elegante y pulida, no siendo sino una zalamería melindrosa, propia de ignorantes ó chulos afectados, capaces de comerse los poyos de las puertas, y de rallar [sic] el queso con los rayos de una carreta
(Robles Dégano, 1905Robles Dégano, F. (1905). Ortología clásica de la lengua castellana, fundada en la autoridad de cuatrocientos poetas. Marceliano Tabarés., p. 69).
Volviendo al diccionario académico, las referencias al defecto y al vicio quizá se hayan incorporado, como en el caso del seseo, en obsequio a toda una tradición ortológica, de la que acabamos de mencionar algunos exponentes decimonónicos, entre ellos, señaladamente, la autoridad de Andrés Bello —elegido académico correspondiente en 1861 (Clavería y Hernández, 2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., p. 414)— cuyos inicios se remontan a la obra de Mariano José Sicilia.
2.2. El yeísmo en las ediciones académicas posteriores
⌅La definición del yeísmo como pronunciación defectuosa permaneció inalterada hasta la 18.ª ed. (1956) inclusive. Se trataba, precisamente, de los años en que se empezaba a sentar las bases del llamado giro panhispánico de la RAE: en 1956 se celebró en Madrid el II Congreso de Academias de la Lengua Española —donde se subrayó la necesidad de dar entrada a las normas cultas extrapeninsulares—, después del I (México, 1951) en el que la RAE no llegó a participar, aunque se unió oficialmente, a finales de ese mismo año, a la Comisión Permanente. Si el Congreso de Madrid legitimó el seseo, el IV, celebrado en Buenos Aires en 1964, reconoció la legitimidad del yeísmo. Aunque el documento que señala de forma patente la actitud de abertura hacia otras normas sea La nueva política panhispánica (ASALE – RAE, 2004ASALE (Asociación de Academias de la lengua española) y RAE (Real Academia Española) (2004). La nueva política panhispánica.), es innegable que la gestación del cambio de rumbo venía madurando desde las décadas anteriores (Amorós, 2012Amorós, C. (2012). El pluricentrismo de la lengua española: ¿un nuevo ideologema en el discurso institucional? El desafío de la glosodidáctica. Revista internacional de lingüística iberoamericana, 19, 127-148.; Fries, 1989Fries, D. (1989). ‘Limpia, fija y da esplendor’: La Real Academia Española ante el uso de la lengua (1713-1973). SGEL.).
En 1965 toma posesión de su cargo Julián Marías, con un discurso de ingreso titulado La realidad histórica y social del uso lingüístico en el que describe la permanencia del fonema /ʎ/ como vigencia atenuada:
Hasta hace poco tiempo, la pronunciación de la ll como igual a la y parecía incorrecta. En efecto, supone la desaparición de un sonido de nuestra lengua, y acarrea, además de un empobrecimiento fonético, numerosas confusiones. Incluso los gramáticos Hispanoamericanos, como Bello o Cuervo, eran celosos de la distinción. El sonido diferente de la ll era, pues, vigente, aunque esa vigencia fuera constantemente violada por fracciones muy grandes de los hablantes de España y una gran mayoría de los de Hispanoamérica. Hoy la situación ha cambiado: la vigencia del sonido ll está atenuada, y su violación acarrea un mínimo de represalias
(Marías, 1965Marías, J. (1965). La realidad historica y social del uso lingüístico. Discurso de recepción del académico de número excmo. Sr. D. Julián Marías y contestación del excmo. Sr. D. Rafael Lapesa.Madrid: Ediciones Castilla., p. 56)8
Aunque emplee una metáfora bélica (“represalia”), el académico acepta de forma explícita el cambio, aunque con cierto dejo nostálgico:
Sólo en ciertos contextos, como cuando se repite el nombre Castilla en el poema de Machado, sentimos lo que hemos perdido si se ha sustituido esta pronunciación por la yeísta
(Marías, 1965Marías, J. (1965). La realidad historica y social del uso lingüístico. Discurso de recepción del académico de número excmo. Sr. D. Julián Marías y contestación del excmo. Sr. D. Rafael Lapesa.Madrid: Ediciones Castilla., p. 57).
Por los mismos años Emilio Lorenzo, que todavía no es un académico (ingresará en 1981), escribe en El español de hoy:
La pérdida paulatina del sonido representado por la grafía ll presenta también problemas de descripción sincrónica muy complejos. La conquista casi absoluta de Madrid para el yeísmo, del que nos defendemos románticamente escasos representantes, hace posibles, a su vez, conquistas espectaculares, como la que se advierte en algunos islotes prácticamente sometidos a la influencia masiva de los yeístas, pero rodeados de tierra “irredenta”. El avance del fenómeno no se parece, como nos enseñaba la geografía lingüística, a la pausada y sistemática marcha de la infantería, sino al asalto de los paracaidistas. Es de notar, sin embargo, la reacción de algunos locutores de radio y presentadores de televisión, que defienden la pronunciación de la ll incluso con ultracorrecciones: acaso detengan la deserción de quienes tienden a considerarla un rasgo rural del que hay que desprenderse como de abarcas o alpargatas.
(Lorenzo, 1966Lorenzo, E. (1966/1971). El español de hoy, lengua en ebullición (2.a ed.). Gredos./1971, p. 32)
Todo el párrafo se sigue sustentando en una prolongada metáfora bélica. Según las observaciones de Rizzo (2018Rizzo, M. F. (2018). Los inicios de la política panhispánica. Revista Internacional de Lingüística Iberoamericana, 16(1), 187-206., p. 194), este tipo de ideario empezó a permutarse paulatinamente a partir del X Congreso de la lengua española (Madrid, 1994), donde el término defensa (“Unidad y defensa del español”), de tipo purista, fue reemplazado por proyección (“Unidad y proyección del idioma”), más acorde con el embrión de la política panhispánica actual.
Sin embargo, ya pocos años después del texto de Lorenzo, el progresivo afianzamiento de la aceptación del fenómeno ante su avance impertérrito lleva a la enmienda del DRAE Usual (19.a, 1970), cuya definición reza: “Pronunciación de la elle como ye, diciendo, por ejemplo, gayina, por gallina; poyo por pollo”. Se suprime, pues, la mención del defecto. Se trata de la misma edición en la que se enmienda también la voz sesear, aunque en este caso en el Suplemento: si la inserción de las voces conoce una cronología diferenciada, su adecuación al mudado panorama normativo, en cambio, coincide.
Para esta modificación cabe destacar la importancia de las observaciones de J. Giner, conservadas como cédulas en el Fichero general de la RAE:
Aconsejable: “Pronunciación de la elle como ye”.
Suprimiendo el resto: “diciendo, por ejemplo, gayina, por gallina; poyo por pollo”
Suprimir los ej. para evitar citar grafías incorrectas.
Es interesante subrayar la voluntad de ejemplaridad de la última aserción, a fin de que precisiones innecesarias no acaben retorciéndose contra la ortografía de los usuarios del diccionario: puesto que la confusión de fonemas es inevitable —como amonestaban Mariano José Sicilia y Andrés Bello—, no es conveniente amplificarla mediante un uso descriptivo, pero no normativo, de los ejemplos en una obra de consulta tan importante y generalizada.
Ahora bien, si, por un lado, la Academia incorpora una nueva visión del fenómeno, por otro, en la misma edición no deja de manifestar su recomendación sobre el hábito de pronunciación s.v. ll:
ll. f. [...] Su nombre es elle. Su articulación tradicional es palatal, lateral, fricatica [sic] y sonora, con contacto más o menos amplio y tenso de la lengua con el paladar. En gran parte de los países y regiones hispánicos se pronuncia como y, con salida central del aire, y con las mismas variedades de articulación que la y. La Academia admite como correcta esta variante de pronunciación, junto a la de articulación lateral, cuyo conocimiento y enseñanza recomienda.
Como puede comprobarse, pues, se hace hincapié en la tradicionalidad y ejemplaridad de la articulación palatal lateral.
En las Observaciones 19ª ed. Giner comenta también la entrada correspondiente al dígrafo ll:
“En gran parte de los países y regiones… (hasta el final)”. Suprimible. La pron. ll es todavía mayoritaria, con mucho, en España. El punto con más tendencia al yeísmo es Madrid, pero no todos en Madrid, ni mucho menos.
En tal situación, toda posición que dé vuelos al yeísmo es perniciosa, porque supone una pérdida para la lengua y un estímulo para su propagación, al oponerse a que se cuide en la enseñanza la distinción precisa entre ll e y, en todos los medios posibles y en la gramática normativa.
Ahora bien, todo eso no tiene nada que ver con la posición tácita de la mala realidad de que realmente son muchos los hablantes españoles e hispanoamericanos que pron. la ll como y: pero sin decir nada, sin hablar de eso en el Dicc., callar. Admitirlo como correcto pero sin reconocerlo, sin decir nada. Una situación de hecho. Cosas así las hay en todas las lenguas. En París ya se denunció que -un era pron. -in en 1880: hoy es casi general en París, incluso en radio y tele, pero los instituteurs siguen enseñando -un. En la prensa belga se ha denunciado que la pron. -in por -un es ya predominante en la Francia parisiense […] Sin embargo, en Francia se guarda un silencio absoluto sobre eso y otras particularidades análogas: en ningún libro lo comentan, siguen enseñando la norma tradicional, como si nada.
Este denso párrafo nos parece compendiar bien la actitud académica misma, dividida entre una aceptación inexcusable (“una situación de hecho”) y una reticencia (“mala realidad”, “sin decir nada, sin hablar de eso en el Dicc., callar”, “admitirlo sin reconocerlo”). Giner, además, coteja la situación del español con la de otras lenguas europeas de dimensión internacional, como el francés, y pone de relieve la misma tensión entre una postura monocéntrica (París) y una periferia geográfica (Bélgica): es esta la que denuncia como ya predominante un hábito fonético no ortodoxo.
En la descripción del dígrafo ll se mantiene la misma recomendación hasta la 21.ª edición de 1992 del diccionario Usual. En cambio, conviene resaltar que en las cuatro ediciones del diccionario Manual (1927, 1950, 1983-1985 y 1989) nunca se menciona esta recomendación: en las dos primeras porque la definición del grafema es escueta y porque tampoco en el Usual contemporáneo se expresaba; en las de los años 80 porque, aun siendo más larga, se reduce respecto a la del diccionario Usual, coherentemente con el planteamiento general del proyecto de este producto académico (García de la Concha, 2014García de la Concha, V. (2014). La Real Academia Española. Vida e historia. Espasa., pp. 270-271) y debido a la “obligada brevedad de las definiciones” (RAE 1950RAE (Real Academia Española) (1950). Diccionario manual e ilustrado de la lengua española (2.a ed.). Espasa-Calpe., p.VII) de este tipo de edición.
Las ediciones del DRAE hasta la 21.ª de 1992 oscilan, pues, entre la aceptación explícita y el apego a la tradición.
El DRAE 2001, en cambio, muestra una actitud neutra tanto s.v. yeísmo como ll. En efecto, en esta suprime la recomendación relativa al conocimiento y enseñanza y se limita a reconocer, históricamente, su tradicionalidad:
1. f. Dígrafo que, por representar un solo fonema consonántico de articulación tradicionalmente lateral y palatal, es considerado desde 1803 decimocuarta letra del abecedario español. Su nombre es elle. En gran parte de los países y regiones hispánicos se pronuncia como y, con salida central del aire, y con sus mismas variaciones de articulación. ORTOGR. En la escritura es inseparable.
Por lo que atañe a la voz yeísmo, se observa el mantenimiento de las grafías ejemplificativas no normativas (gayina y poyo).
Por su parte, el Diccionario panhispánico de dudas de 2005 muestra ya completa aceptación en la norma culta: no solamente se reconoce /ʎ/ como minoritario, sino que se observa la “creciente expansión” del yeísmo, adoptando, pues, una mirada hacia el futuro de la lengua. En la entrada ll, sin embargo, se recuerda que la “pronunciación esmerada” sigue conservando la distinción.
La edición vigente 23.7 (sin enmiendas a partir de 23.ª, 2014) introduce la marcación diatécnica Fon.(ética) —coherente con la misma marcación para sesear (Dalle Pezze y Miotti, 2023Dalle Pezze, F. y Miotti, R. (2023). El seseo entre fonología, dialectología y norma: desarrollo ideológico en las obras académicas. En G.Bazzocchi, J. C. Barbero Bernal, M.ª F. Bermejo Calleja, C. Castillo Peña, A. L. de Hériz Ramón, H. E.Lombardini, M.ª E. Pérez Vázquez, M.ª J. Valero Gisbert, A. L.de Hériz Ramón y M.ª T.Sanmarco Bande (Eds.), Nosotros somos nos y somos otros. Estudios dedicados a Félix San Vicente. Bologna University Press, 381-392. 10.30682/sitlec44, p. 386)—, elimina las grafías no normativas (gayina, poyo) —proponiendo en su lugar el par mínimo callado/cayado— y desplaza la definición del fenómeno a un plano fonológico, es decir, al resultado de una desfonologización. La RAE no renuncia a una perspectiva historiográfica, diacrónica (mediante el empleo del sustantivo desaparición se hace hincapié en el resultado de un cambio histórico, más que en una realidad pluricéntrica actual). Fiel a su continuo afán de preservación de la memoria, en todas sus obras la Corporación intenta no desechar completamente lo histórico en aras de lo estrictamente actual, como se comprueba, por ejemplo, —esta vez en el plano del léxico— en la muestra de adecuación de la futura edición del Diccionario panhispánico de dudas:
bizarro -rra. En español ha tenido tradicionalmente los sentidos de ‘valiente, esforzado’ […] A ellos se ha unido modernamente el de ‘raro, extravagante o fuera de lo común’ […]. Este uso es especialmente frecuente en el español americano y su extensión justifica el levantamiento de la censura tradicional
(Gutiérrez Ordóñez, 2021Gutiérrez Ordóñez, S. (2021). Proyecto de actualización del Diccionario panhispánico de dudas. En Real Academia Española y Asociación de Academias de la lengua española, Crónica de la lengua española 2021. Planeta., p. 554).
3. EL YEÍSMO EN LAS DEMÁS OBRAS ACADÉMICAS
⌅Como es obvio, la paulatina aceptación del yeísmo se refleja también en las Ortografías y Gramáticas académicas, que nos proponemos analizar en los párrafos siguientes.
3.1. El yeísmo en las Ortografías académicas
⌅La última Ortografía que no menciona de forma patente el fenómeno es la de 1969 (10.ª edición), es decir, la que se publicó un año antes de la edición del DRAE 1970 que eliminó la puntualización sobre el defecto. De hecho, así se describe el dígrafo ll:
Con esta letra doble representamos un fonema único de articulación palatal, fricativa, sonora y lateral […]”
(RAE, 1969RAE (Real Academia Española) (1969). Ortografía. Edición que incorpora al texto tradicional las Nuevas Normas declaradas de aplicación preceptiva desde 1ª de enero de 1959. Imprenta Aguirre., p 18).
Se da por descontada, pues, una relación biunívoca entre el dígrafo y el fonema que le corresponde.
Como es sabido, la Ortografía de 1999 (12.ª) es la primera “verdaderamente panhispánica” (RAE, 1999RAE (Real Academia Española)(1999). Ortografía de la lengua española. Espasa.: XIII). Por esta razón, da cabida por primera vez a la descripción del yeísmo:
La ll representa el fonema lateral palatal de lleno o rollo. En zonas yeístas, corresponde también al fonema fricativo palatal sonoro representando en otros lugares mediante la letra y
(RAE, 1999RAE (Real Academia Española)(1999). Ortografía de la lengua española. Espasa., p 4).
No renuncia, sin embargo, a recelar las confusiones que dicho empobrecimiento fonológico puede acarrear:
En la pronunciación yeísta, la letra ll, que representa el fonema lateral palatal de llave, se articula con la misma pronunciación que la letra y, es decir, como el fonema palatal sonoro de yunque. De manera que las personas yeístas pronuncian igual halla y haya. Esto explica las dificultades que ofrece la escritura de las palabras que contienen alguna de estas letras.
(RAE, 1999RAE (Real Academia Española)(1999). Ortografía de la lengua española. Espasa., p. 23).
La ortografía vigente (13.ª, 2010), coherentemente con el diccionario, reconoce la difusión no solamente americana sino también europea del fenómeno, razón por la que este pasa a formar parte de la norma culta, no solamente de la popular:
En la actualidad el yeísmo está ampliamente extendido en el español europeo y americano, por lo que goza de total aceptación en la norma culta de todo el ámbito hispánico
(RAE y ASALE, 2010, p. 60).
No deja de observar, con todo, que el proceso de fusión con el fonema /ʝ/
no puede considerarse terminado, ya que la distinción se mantiene viva aún en ciertas zonas e incluso entre hablantes cultos de áreas yeístas, que siguen articulando diferenciadamente ambos fonemas por un prurito de corrección
(RAE y ASALE, 2010, p. 60).
Uno de los principios cardinales de la ortografía académica es el de la unidad (cuyos cimientos teóricos se dilucidan en el § 3.2.7 de la edición vigente):
La ortografía del español ha tomado como referencia para su escritura las variedades orales que distinguen los fonemas /z/ y /ll/, aun cuando estas son claramente minoritarias en el conjunto del ámbito hispánico. En virtud del principio de unidad ortográfica, todos los hispanohablantes escriben zapato, cereza, cine y llave, aunque la mayoría pronuncie [sapáto], [serésa], [síne] y [yábe], porque sigue habiendo zonas y hablantes que pronuncian [zapáto], [zeréza], [zíne] y [llábe].
Ello no impide que hayan “aflorado en muy contadas ocasiones” (RAE y ASALE, 2010, p. 40) variantes, normalmente restringidas a ciertas áreas o ámbitos, que la misma Academia acepta: en el caso del yeísmo se trata de 10 pares (chamullar/chamuyar; callana/cayana; cholla/choya; chollar(se)/choyar(se); descangallar(se)/descangayar(se); fayuca/falluca; hallaca/hayaca; jericalla/jericaya; margallate/margayate; yapa/llapa) (RAE y ASALE, 2010 p. 123).
El principio enunciado anteriormente (“sigue habiendo zonas y hablantes que pronuncian [zapáto], [zeréza], [zíne] y [llábe]”) implica que si en un futuro, evidentemente indeterminable, todos los hispanohablantes dejaran de pronunciar /ʎ/, entonces sería viable —aunque no necesariamente deseable— una simplificación de la ortografía mediante la eliminación del dígrafo ll, a favor del grafema y.
Por ahora, lo que sí podemos constatar es que, a medida que se afianza el yeísmo, la clasificación del dígrafo ll como taxón pierde su sentido al faltarle cada vez más un apoyo fonológico. De hecho, a partir de OLE 2010 (y de DRAE 2001), el dígrafo ll (junto a ch) pierde su estatus de letra independiente (y aparece alfabetizado, en el diccionario, dentro de la l). Como nos recuerda OLE 1999:
[…] un asunto mínimo, ni siquiera ortográfico sino clasificatorio, la recuperación del orden alfabético latino universal, que la Academia había alterado para el uso hispánico en 1803, al otorgar carácter de letras unitarias e independientes a los dígrafos ch y ll, movida precisamente por su vocación fonológica en la interpretación de la lengua escrita, requirió dos congresos de Academias y larguísimas discusiones para su aprobación, pese a que nos lo solicitaban los organismos internacionales y en nuestras propias naciones eran ya muchas las entidades, públicas y privadas, que lo habían adoptado
(RAE, 1999RAE (Real Academia Española)(1999). Ortografía de la lengua española. Espasa., p XVII).
Recordemos, finalmente, que la Ortografía básica de la lengua española de 2012 sigue advirtiendo de las confusiones ortográficas:
Pero para los hablantes yeístas […], que son inmensa mayoría, el fonema /y/ se transcribe con la letra y en unos casos y con el dígrafo ll en otros, lo que ocasiona frecuentes dudas ortográficas”
(RAE y ASALE, 2012RAE (Real Academia Española) y ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) (2012). Ortografía básica de la lengua española. Espasa., p. 18).
No olvidemos que en este tipo de obra lo que prima es el afán didáctico de la misión académica —puesto que el propósito de la obra es el de ser “fiel compañera de viaje y útil consejera en las dificultades y dudas ortográficas de cada día” (RAE y ASALE, 2012RAE (Real Academia Española) y ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) (2012). Ortografía básica de la lengua española. Espasa., p. XIV)—, ya que, por mucho que se acepten los cambios históricos que se van imponiendo desde abajo, es innegable que los hispanohablantes siguen albergando dudas en su manejo cotidiano de la lengua escrita.
En resumidas cuentas, se observa que en las Ortografías nunca se menciona de forma patente la defectuosidad, ya que, por una parte, se da por descontada la correspondencia biunívoca entre dígrafo ll y fonema /ʎ/, por otra, cuando aparece por primera vez la mención al yeísmo (OLE 1999RAE (Real Academia Española)(1999). Ortografía de la lengua española. Espasa.), la RAE ya está en plena época de panhispanismo.
3.2. El yeísmo en las Gramáticas académicas
⌅Como bien aclara Quilis Merín (2013Quilis Merín, M.ª (2013) La pronunciación del español a través de la lexicografía. En Ma T. Echenique Elizondo y F. J. Satorre Grau (Eds.), Historia de la pronunciación de la lengua castellana. Tirant Humanidades, 491-523., pp. 507-508),
el tratamiento de la pronunciación (Prosodia) por parte de la Academia se halla relegado [...] a las obras ortográficas y lexicográficas de la institución [...], y queda fuera de los contenidos de la gramática hasta muy tardíamente: en concreto, aparece como parte de la misma en la edición de la GRAE de 1870RAE (Real Academia Española) (1870). Gramática de la lengua castellana. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra..
Sin embargo, los redactores de la obra hacen patente su desinterés por la pronunciación, en particular por la articulación de los sonidos, debido a “lo variable y movediza que de por sí es naturalmente la pronunciación” (RAE, 1870RAE (Real Academia Española) (1870). Gramática de la lengua castellana. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., p. XV). De hecho, desterrada de la Prosodia hasta la edición de 1931, la descripción articulatoria aparecerá muy tardíamente, con la publicación del Esbozo de 1973.
En las Gramáticas publicadas entre 1870 y 1931 solo se dice —en la cuarta parte, dedicada a la Ortografía— que el sonido expresado por la ll “es uno solo”, es decir, no se trata de la secuencia de dos l (por ejemplo, RAE, 1870RAE (Real Academia Española) (1870). Gramática de la lengua castellana. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., p. 325; RAE, 1931RAE (Real Academia Española) (1931). Gramática de la lengua castellana. Espasa-Calpe., p. 476).
La atención a la pronunciación en el Esbozo 1973 representa una novedad, ya que esta obra suma en la Fonología las antiguas Prosodia y Ortografía, “con un tratamiento filológico actualizado en la descripción fonética articulatoria” (Quilis Merín, 2013Quilis Merín, M.ª (2013) La pronunciación del español a través de la lexicografía. En Ma T. Echenique Elizondo y F. J. Satorre Grau (Eds.), Historia de la pronunciación de la lengua castellana. Tirant Humanidades, 491-523., p. 510). Como se lee en la Advertencia:
La Fonología es la parte más a fondo modificada. Esta sección consta ahora de ocho capítulos, frente a los dos que sumaban las antiguas ‘Prosodia’ y ‘Ortografía’. En ella se estudian los sonidos y los fonemas, la sílaba, el acento, la fonología sintáctica, la entonación y la ortografía
(RAE, 1973, p. 6).
La descripción fonética articulatoria es aséptica y refleja el “habla tenida por culta en la vasta extensión del mundo hispánico” (RAE, 1973, p. 14). Por lo que se refiere al yeísmo, la RAE solo se limita a condenar algunas manifestaciones fonéticas extremas del fenómeno (sin embargo, la descripción fonética de las mismas no es clara):
En extensas zonas de España (casi toda Andalucía, gran parte de Extremadura y Castilla la Nueva, y focos aislados en otras regiones) y de América [...] ha desaparecido el sonido palatal [...]. Suelen ser tenidas por vulgares algunas variantes de [y, ŷ], con articulación más alveolar que prepalatal […], con fuerte fricción y con tendencia a la africación y al ensordecimiento”
(RAE, 1973, p. 24, nota 24).
La aceptación implícita del yeísmo (así como del seseo) en el Esbozo es el resultado de un largo recorrido que tiene su punto de arranque en el ya mencionado Congreso de Madrid de 1956, en el que los filólogos Rafael Lapesa y Salvador Fernández Ramírez expresaron la necesidad de dar entrada a las normas cultas extrapeninsulares, como ya se ha dicho. En ese mismo Congreso
[...] se aprobó por unanimidad una moción por la cual en la próxima edición de la Gramática de la Academia constará que el seseo no es un vicio de pronunciación sino una forma legítima de hablar español
(Guitarte, 1991Guitarte, G. L. (1991). Siete estudios sobre el español de América. Universidad Nacional Autónoma de México., p. 104).
De hecho, la “próxima edición de la Gramática” —el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, publicado 17 años después de la celebración del Congreso— legitimará tanto el seseo como el yeísmo. Como afirma Fries (1989Fries, D. (1989). ‘Limpia, fija y da esplendor’: La Real Academia Española ante el uso de la lengua (1713-1973). SGEL., pp. 163-164), con el Esbozo “se manifiesta el paso de una norma más bien eurocéntrica a otra que se podría denominar panhispánica”. Como hemos visto, la aceptación de una norma culta diferente se produce también en el DRAE por los mismos años en que se publica el Esbozo.
Finalmente, el volumen Fonética y fonología 2011 de la NGLE reconoce el yeísmo como mayoritario y declara la existencia de dos subsistemas:
El español presenta dos subsistemas de segmentos sonantes laterales. El más extendido en el español actual es el subsistema no distinguidor entre /ʎ/ y /ʝ/, que posee una única unidad lateral, la consonante /l/. Por el contrario, el segundo subsistema mantiene la distinción entre /ʎ/ y /ʝ/ y, consecuentemente, cuenta con dos segmentos contrastivos laterales: /l/ y /ʎ/
(RAE y ASALE, 2011RAE (Real Academia Española) y ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) (2011). Nueva gramática de la lengua española. Fonética y fonología. Espasa., p. 213).
4. CONCLUSIÓN
⌅El DRAE 1899 se gestó y publicó “en plena crisis de fin de siglo” (Clavería Nadal, 2021Clavería Nadal, G. y Hernández, E. (2021). América en el diccionario académico (DRAE 1869, DRAE 1884, DRAE 1899. Primera aproximación. En M.ª Á.Blanco Izquierdo y G.Clavería Nadal (Eds.), El diccionario académico en la segunda mitad del siglo XIX: evolución y revolución. DRAE 1869, 1884, 1899. Peter Lang, 2021, 401-438., p. 47): una crisis política, social, pero también —según lo que hemos expuesto— una crisis de cambios lingüísticos que avanzaban de forma inexorable.
El yeísmo nace, desde el punto de vista lexicográfico, como concepto ya marcado por una actitud de rechazo. Después de un largo período de abierta condena, caracterizado por una clara actitud prescriptiva, que se extiende desde 1899 hasta la década de los 50 del siglo XX, la postura académica ha ido modificándose a partir de los años 70, con el abandono de la visión eurocéntrica en dirección al reconocimiento de un pluricentrismo normativo, que ha conllevado la plena aceptación del yeísmo. Si las tres últimas décadas del siglo XX representan una fase de transición, en la cual la Academia duda entre la aceptación explícita del yeísmo y el apego al patrón distinguidor tradicional —lo que se hace patente especialmente en los DRAE y, en particular, en los artículos lexicográficos correspondientes al dígrafo ll, siendo la voz “yeísmo” más descriptiva y neutra—, es en el nuevo milenio cuando las Academias asumen no solo una actitud completamente descriptiva (con una vaga reminiscencia de lo esmerado de la articulación lateral en el DPD), sino que reconocen el yeísmo como patrón mayoritario. Como observamos en Dalle Pezze y Miotti (2023Dalle Pezze, F. y Miotti, R. (2023). El seseo entre fonología, dialectología y norma: desarrollo ideológico en las obras académicas. En G.Bazzocchi, J. C. Barbero Bernal, M.ª F. Bermejo Calleja, C. Castillo Peña, A. L. de Hériz Ramón, H. E.Lombardini, M.ª E. Pérez Vázquez, M.ª J. Valero Gisbert, A. L.de Hériz Ramón y M.ª T.Sanmarco Bande (Eds.), Nosotros somos nos y somos otros. Estudios dedicados a Félix San Vicente. Bologna University Press, 381-392. 10.30682/sitlec44, p. 390), en este mismo período la actitud académica también cambia con respecto al seseo, estableciéndose un claro paralelo entre la aceptación de ambos fenómenos “gemelos”.