Loquens 11 (1-2)
 eISSN: 2386-2637
https://doi.org/10.3989/loquens.2024.e112

La prensa como fuente para la historiografía de la fonética y la fonología del español

The press as a source for the historiography of the phonetics and phonology of Spanish

 

1. INTRODUCCIÓN

 

Los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX fueron determinantes para la historia de la fonética articulatoria en España, pues vieron la luz los primeros manuales sobre esta disciplina: los Estudios de fonétika kastellana de Fernando de Araujo (1894Araujo, F. (1894). Estudios de fonétika kastelana. Menor Ermanos.), los Études de phonétique espagnole de F. M. Josselyn (1907Josselyn, F. M. (1907). Études de phonétique espagnole. H. Welter.), La phonétique castillane de M. A. Colton (1909Colton, M. A. (1909). La phonétique castillane. Traité de phonétique, descriptive et comparative. Imp. Lievens à Saint-Maur (Seine).) y el Manual de pronunciación española de T. Navarro Tomás (1918Navarro Tomás, T. (1918). Manual de pronunciación española. CSIC.). Para el desarrollo de la fonética acústica (Marrero y Albalá, 2016Marrero, V. y Alablá, M. J. (2016). Pasado, presente y futuro del laboratorio de fonética en España. En A. M.Fernández Planas (ed.), 53 reflexiones sobre aspectos de la fonética y otros temas de lingüística. Universidad de Barcelona, 383-393.; Martínez Celdrán y Romera Barrios, 2007Martínez Celdrán, E. y Romera Barrios, L. (2007). Historiografía de la fonética y fonología españolas. En J.Dorta, C. J.Corrales y D.Corbella (Eds.), Historiografía de la lingüística en el ámbito hispánico. Fundamentos epistemológicos y metodológicos. Arco/Libros, 119-160.; Sánchez Ron, 2007Sánchez Ron, J. M. (2007). Tomás Navarro Tomás y los orígenes de la fonética experimental en la JAE. Asclepio, 59(2), 63-86. 10.3989/asclepio.2007.v59.i2.232.; Zamora Vicente, 2001Zamora Vicente, A. (2001). Los orígenes de la fonética experimental en España. Fundación Biblioteca Alonso Zamora Vicente.), en cambio, hubo que esperar un poco más, pues, si bien el Laboratorio de fonética del Centro de Estudios Históricos se había creado en 1910-1911, “se vio profundamente afectado, como toda España, por la guerra civil” (Marrero y Albalá, 2016Marrero, V. y Alablá, M. J. (2016). Pasado, presente y futuro del laboratorio de fonética en España. En A. M.Fernández Planas (ed.), 53 reflexiones sobre aspectos de la fonética y otros temas de lingüística. Universidad de Barcelona, 383-393., p. 387).

La labor de los primeros fonetistas y las publicaciones en que plasmaron sus ideas constituyen, pues, una etapa importante para la historiografía de la fonética (Alonso, 1925Alonso, A. (1925). Crónica de los estudios de filología española, 1914-1924. Revue de Linguistique Romaine, 1, 171-180.; Martínez Celdrán y Romera Barrios, 2007Martínez Celdrán, E. y Romera Barrios, L. (2007). Historiografía de la fonética y fonología españolas. En J.Dorta, C. J.Corrales y D.Corbella (Eds.), Historiografía de la lingüística en el ámbito hispánico. Fundamentos epistemológicos y metodológicos. Arco/Libros, 119-160.; Muñiz Chacón, 2009Muñiz Cachón, C. (2009). Fernando de Araujo en los orígenes de la fonética hispánica. En J. M.García Martín y V.Gaviño Rodríguez (coords.), Las ideas y realidades lingüísticas en los siglos XVIII y XIX. Universidad de Cádiz, 483-497.; Poch Olivé, 2015Poch Olivé, D. (2015). La constitución de una disciplina científica: la fonética del español de Fernando Araujo (1894) a Tomás Navarro Tomás (1918). En J. M.García Martín (Dir.), Actas del IX Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Iberoamericana/Vervuert, 537-550.; Quilis, 1974-1975Quilis, A. (1974-1975). Fernando Araujo en la lingüística española de finales del XIX y principios del XX. Boletín de Filología Española, 50-58, 15-26.). Ahora bien, además de estos textos, la historia de la fonética y de la fonología puede completarse con otras fuentes en las que, en los mismos años, también estas disciplinas eran protagonistas. La prensa es, en este sentido y como ya se ha demostrado en otras disciplinas (García Folgado y Garrido Vílchez, 2022García Folgado, M. J. y Garrido Vilchez, G. B. (2022). Lengua y enseñanza en la prensa decimonónica. El debate en torno a los posesivos. Beiträge zur Geschichte der Sprachwissenschaft, 32(2), 233-267. y 2023García Folgado, M. J y Garrido Vílchez, G. B. (2023). La prensa como fuente para historiar la enseñanza de la gramática: la Revista de Instrucción Primaria (1849-1854). Tavira. Revista electrónica de formación de profesorado en comunicación lingüística y literaria, (28), 1-18, 10.25267/Tavira.2023.i28.1106; Gaviño Rodríguez, 2022Gaviño Rodríguez, V. (2022). La reforma ortográfica del español en la prensa española del siglo XIX. Peter Lang.; Gaviño Rodríguez, y Silvestre Llamas 2023Gaviño Rodríguez, V. y Silvestre Llamas, M. (2023). De eruditos, maestros, polemistas y otras figuras en la prensa del XIX. Editorial Síntesis.; Puche Lorenzo 2019Puche Lorenzo, M. A. (2019). La utilidad de lo efímero en el estudio de la lengua del S. XIX: Cuestiones gramaticales a través de la prensa. Anuari de filologia. Estudis de lingüística, (9), 179-202, 10.1344/AFEL2019.9.6.; Rivas Zancarrón 2021Rivas Zancarrón, M. (2021). Política, gramática y enseñanza del español en los últimos años de la Nueva España y principios del México independiente: una aproximación desde la prensa periódica. Boletín de filología: (Universidad de Chile), 56(1), 113-170, https://boletinfilologia.uchile.cl/index.php/BDF/article/view/64201., por poner solo algunos ejemplos), una de las fuentes no canónicas que permite “descubrir o rescatar la producción textual de aquellos autores que han pasado desapercibidos para la historiografía lingüística hispánica […], así como la de aquellos otros más conocidos por la historiografía lingüística que dejaron tras de sí la publicación de su obra no solo en formato de libros, sino también de manera dispersa en periódicos o arrumbada en cajones de escritorio” (Gaviño Rodríguez, 2021Gaviño Rodríguez, V. (2021). Presentación [Sección monográfica]. Ideas lingüísticas y pedagógicas en la prensa de España y América del siglo XIX. Boletín De Filología, 56(1), 13-16. https://boletinfilologia.uchile.cl/index.php/BDF/article/view/64197, p. 16).

Uno de esos autores escasamente conocidos por la historiografía lingüística fue Ramón Robles, archivero, bibliotecario santiagués y autor de dos obras sobre fonética y fonología del español, quien, en los primeros años del siglo XX, publica una serie de artículos en diversas revistas de la época dedicados a una ciencia nueva que “estudia los sonidos orales en su naturaleza, modificaciones, manera de producción, combinaciones y aplicación a las necesidades del lenguaje, así como también su más acertada representación” (1900Robles, R. (1900). Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje. José María Paredes., p. 17).

Estas páginas se ocupan de los artículos que Ramón Robles publicó en prensa en las primeras décadas del siglo XX con el fin de mostrar el valor de esta fuente no canónica para la historiografía lingüística y con el objetivo de completar uno de los capítulos más importantes de la historia de la fonética, pues Ramón Robles se sirvió de la prensa para dar a conocer a un público más amplio los fundamentos, las fuentes y los métodos de la fonética y sus aplicaciones, la labor de los fonetistas europeos, los principios de fonética acústica, la clasificación de los sonidos o los problemas que planteaba la nomenclatura existente.

El artículo para lograr estos objetivos se estructura en varios apartados: 1) contexto vital de Ramón Robles, 2) las publicaciones en que aparecieron los artículos sobre fonética que publicó; 3) los temas que trató (norma y variación, conceptos fonéticos, ortografía y fonética, caracterización de las vocales, la sílaba y el acento, la fonética aplicada); 4) el valor de sus aportaciones a la historiografía de la fonética.

2. RAMÓN ROBLES

 

Ramón Robles Rodríguez (?-1920) fue archivero y bibliotecario de la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela (1893), de la Biblioteca Universitaria de Sevilla (1895) y del Archivo general del Ministerio de Hacienda (1905). Se casó con Ermitas Pazos Vieites y de esa unión nació José Robles Pazos, filólogo, profesor, ilustrador y traductor de John Dos Passos.

Aunque no conocemos demasiados datos de la vida de Ramón Robles, sabemos que fue director de la revista El lenguaje y que fue asiduo colaborador de otras publicaciones periódicas en los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX (Perea Sabater, 2023Perea Sabater, M. P. (2023). La revista El lenguaje (1912-1914). Autores e ideologías lingüísticas. Boletín de la Sociedad Española de Historiografía Lingüística, 17, 215–239. 10.5281/zenodo.10423485). En ellas publicó artículos de diferente temática, si bien destacan los relacionados con la ortografía, la fonética y la fonología y la formación de personas mudas (Gaviño Rodríguez, 2024Gaviño Rodríguez, V. (2024). Robles, Ramón (¿?-1891-1920). En M.Alvar Ezquerra y M. A.García Aranda (dirs.), Biblioteca Virtual de la Filología Española (BVFE). https://www.bvfe.es.).

Además, de su interés por la descripción fónica del español y por la utilidad de la fonética y la fonología para la enseñanza de la lengua surgieron un Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje (Robles, 1900Robles, R. (1900). Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje. José María Paredes.) y una Cartilla fonética para enseñar a los niños y sordo-mudos el arte de la lectura (Robles, 1904Robles, R. (1904). Cartilla fonética para enseñar a los niños y sordo-mudos el arte de la lectura. Revista de archivos, bibliotecas y museos.), aportaciones que han pasado desapercibidas para la crítica posterior (García Aranda, 2024aGarcía Aranda, M. Á. (2024a). La fonética en los textos para la enseñanza a personas sordas del siglo XX: la Cartilla fonética de Ramón Robles (1904). Etudes romanes de Brno, 45(1), 165-18810.5817/ERB2024-1-10. y 2024bGarcía Aranda, M. Á. (2024b). Un capítulo olvidado en la historiografía de la fonética y la fonología españolas: el Ensayo de fonética general de Ramón Robles (1900). Philologica Canariensia, 30, 10.20420/Phil.Can.2024.671.).

No aparecen citadas por Tomás Navarro Tomás (1918Navarro Tomás, T. (1918). Manual de pronunciación española. CSIC., pp. 8-9), que sí menciona a Fernando de Araujo, a Freeman Marshall y a Molton Avery Colton, así como “otros estudios menores en revistas y folletos” (1918Navarro Tomás, T. (1918). Manual de pronunciación española. CSIC., p. 9), como los de Rodolfo Lenz, Aniceto dos Reis Gonçalves Viana y Celestino Tomás Escriche y Mieg. Ni tampoco es mencionado en las “Nociones de fonética general” que anteceden al Manual de pronunciación española (1918Navarro Tomás, T. (1918). Manual de pronunciación española. CSIC., pp. 11-29), donde solo aparecen Henry Sweet, Wilhelm Viëtor, Otto Jerpersen, Paul Passy, Léonce Roudet y Giulio Panconcelli-Calzia. Tampoco hay alusión a Robles en los Elementos de fonética general de Samuel Gili Gaya (1950Gili Gaya, S. (1950). Elementos de fonética general. Gredos.).

Por otro lado, el capítulo “Historiografía de la fonética y fonología españolas” (Martínez Celdrán y Romera Barrios, 2007Martínez Celdrán, E. y Romera Barrios, L. (2007). Historiografía de la fonética y fonología españolas. En J.Dorta, C. J.Corrales y D.Corbella (Eds.), Historiografía de la lingüística en el ámbito hispánico. Fundamentos epistemológicos y metodológicos. Arco/Libros, 119-160., pp. 119-160) dedica apartados, antes del desarrollo de estas disciplinas en las primeras décadas del siglo XX, a Juan Pablo Bonet, a Francisco Orchell, a Severino Pérez y a los primeros tratadistas sobre fonética española, a saber, Fernando Araujo, Freeman Marshall Josselyn, Molton Avery Colton y Tomás Navarro Tomás. Pero tampoco hay mención alguna a Ramón Robles.

Sí incluye a Robles Antonio Quilis en sus Cuadernos Bibliográficos. Fonética y Fonología del Español (1963Quilis, A. (1963). Cuadernos bibliográficos. Fonética y fonología del español. CSIC.), en donde recoge cuatro registros de Ramón Robles en el apartado dedicado al “Vocalismo” (1963Quilis, A. (1963). Cuadernos bibliográficos. Fonética y fonología del español. CSIC., registros 73, 78, 79 y 99), pero se trata, en todos los casos, de artículos publicados en revistas de la época sobre las vocales y las secuencias vocálicas. Y no fueron los únicos.

3. LOS ARTÍCULOS SOBRE FONÉTICA DE RAMÓN ROBLES

 

En la serie de La Escuela Moderna, Ramón Robles se ocupa de cuestiones fonéticas en varios artículos titulados “pronunciación tipo”, “voces y letras”, “articulaciones y consonantes”, “vocales y consonantes” y “lectura facial”; en la serie de la Revista de archivos, bibliotecas y museos, publica su “nueva teoría de las letras vocales” y aprovecha para matizar algunas de las afirmaciones que había hecho en la serie anterior; y en El lenguaje vuelve a defender su teoría de las vocales y aprovecha para hablar también de algunos otros aspectos atractivos para la fonética y sus aplicaciones. Son, pues, temas que resultan de interés para la historiografía de la fonética y la fonología.

3.1. Sobre la “pronunciación tipo”: norma y variación

 

Ramón Robles reflexiona en algunos de estos artículos sobre la variación fónica del español, y diferencia entre la “pronunciación culta y esmerada” y la “descuidada o la exageradamente pulida, redicha, pretenciosa y pedantesca”; “en la pronunciación popular”, además, “puede distinguirse asimismo lo vulgar de lo rústico y chavacano”; junto a ello, señala la existencia de pronunciaciones propias de “cada región, cada localidad, cada familia y hasta cada individuo” (La Escuela Moderna, n.º 148, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 17).

A partir de estas aserciones, introduce algunas precisiones conceptuales y terminológicas imprescindibles para entender la aportación de Robles a la fonética y a la fonología del español. Así, por ejemplo, identifica la pronunciación normativa o correcta con aquella “conforme con la naturalidad, con la razón, con las leyes fonéticas y con el genio de cada lengua; la que se halla más en armonía con las tendencias del lenguaje serio de la buena sociedad, la que el uso más discreto ha establecido o debe establecer”, esto es, la que rechaza vulgarismos como frábica, Zelipe, agüelo, gómito, frauta, esperencia, carauter, azto, estógamo, nesezario o asina motivados por diversas causas (metátesis, pérdida, modificación o vocalización de sonidos en posición de coda, confusión de sonidos, sustitución de [b] por [g]…), voces chabacanas por la pérdida de consonantes en situación implosiva o posición de coda, por la interdentalización de oclusiva en posición implosiva o por la pérdida de /d/ intervocálica como birtú, usté, bondá, Ballauliz, berdaz, prao, na, colmao, to, istrución, otubre u oscuridaz o articulaciones redichas y cursis por la pronunciación de consonantes en situación implosiva como opscuro, sép(h)timo1Ramón Robles dice representar con h “la explosión gutural que sigue a la k” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903, p. 113). En su Ensayo general de fonética, Robles afirma que los sonidos oclusivos constituyen “un soplido explosivo que en castellano se combina siempre con la voz de la glotis, o vocal, y a la cual explosión precede necesariamente un silencio momentáneo durante el cual el aire de la expiración se encuentra un instante contenido por la oclusión […], representa, pues, dos elementos consecutivos: un silencio y una voz explosiva” (1900, pp. 80-81), palabras que describen los diferentes momentos articulatorios de las oclusivas o explosivas. o excoba, o por la inestabilidad del vocalismo átono como en tenaja, o por ultracorrección como en bacalado.

Pero esta pronunciación culta es también la que debe evitar pronunciaciones vulgares, usuales o familiares, “no tengo preferencia por ninguna de estas denominaciones”, que resultan habituales incluso entre gente instruida: demostrar, esquisito, istruir, traspasar, setiembre, sustancia, suscritor, traslado, sétimo y oscuro2Incluye también en esta lista la forma bibir, por la confusión [b]-[v]. Ramón Robles en su Ensayo de fonética describe un sonido labidental fricativo sonoro [v], inexistente en castellano, pero que puede aparecer “en pronunciación afectada” (1900, p. 98), documentación que coincide con lo señalado, unos años después, por Tomás Navarro Tomás (1918, p. 68): “hoy solo pronuncian entre nosotros la v labiodental algunas personas demasiado influidas por prejuicios ortográficos o particularmente propensas a la afectación […]. La mayoría de las personas cultas, tanto en Castilla como en las demás regiones afines, lejos de estimar la pronunciación de la v labiodental como una plausible perfección, la consideran como una mera preocupación escolar, innecesaria y pedante”. En cambio, diferencia entre la bilabial explosiva de cambiar y convenir y la bilabial fricativa de vivir, beber, lo que hace clara alusión a los dos alófonos de /b/: uno oclusivo/explosivo [b] que aparece tras consonante nasal y otro fricativo/aproximante [β] que aparece en situación intervocálica., esto es, Robles rechaza la pérdida de la consonante en posición de coda en los grupos cultos, si bien entiende que, en los casos en que sean muy frecuentes y el uso las haya asentado, deben aceptarse siempre junto a la forma culta: “rechazadas, p. e. por la pronunciación rústica, escuridá, la chavacana oscuridaz, la vulgar oscuridá, la pretenciosa opscurida(e) y haciéndose de ellas caso omiso, creo que, al admitirse la forma usual y corriente oscuridad, debería señalarse la culta obscuridad, como modelo correcto” (La Escuela Moderna, n.º 148, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 20).

La cuestión de los grupos cultos lleva a Robles a criticar a la Academia Española, a quien pese a ello reconoce como modelo de lengua culta, por la escasa homogeneidad que presenta al recoger en el DRAEtranslación, transcripción, inscripto, postdata u obscuro junto a trasladar, trascrito, posdata, oscuro, pero séptimo y septiembre y no sétimo y setiembre y posponer y no postponer.

Las palabras de Ramón Robles reflejan la variación social y estilística y lo que suponen en la descripción fónica del español (un continuum gradual que no siempre es sencillo delimitar y caracterizar), el problema de la norma culta al tomar algunas decisiones (“no se puede admitir como correcta, ni menos dar como dechado una pronunciación determinada, por el solo hecho de ser la más usual”, La Escuela Moderna, n.º 148, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 19), los criterios sobre los que se asienta la norma culta (pronunciación, uso y etimología), la constitución de la norma culta a lo largo del tiempo (“las lenguas se han elaborado por lentísimos procesos elocutivos durante los cuales el constate esfuerzo de las personas cultas ha luchado sin cesar resistiendo y oponiéndose al embate anárquico y tirano de los vulgarismos”, La Escuela Moderna, n.º 148, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 19) o la labor de la Academia en pro de la lengua culta (“el Diccionario de la lengua debería señalar y recomendar como más correcto la pronunciación culta de ciertas palabras”, La Escuela Moderna, n.º 148, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 19).

3.2. Algunos conceptos: voz, letra, articulación, consonante. Ortografía vs. fonética

 

Ramón Robles ha de enfrentarse, ante el escaso desarrollo que a comienzos del siglo XX viven la fonética y la fonología en España, a la definición de algunos conceptos esenciales para describir y reflexionar sobre el plano fónico y sobre su representación ortográfica3Una constante en la obra de Ramón Robles es su queja sobre la nomenclatura de las nuevas ciencias, y atribuye al momento iniciático y fundacional por el que atraviesan la fonética y la fonología los problemas con algunas denominaciones: “estas nomenclaturas aparecen en los albores de las ciencias respectivas que empiezan a formarse, es lo más fácil que se les den nombres inadecuados, y con ellos comiencen a vulgarizarse” (1900, p. 19).. Tomando el DRAE como punto de partida, define voz y letra (Poch Olivé, 2014Poch Olivé, D. (2014). Las definiciones de algunos términos fonéticos en el DRAE: un capítulo de la historia de la disciplina en España. En M. L.Calero Vaquera, A.Zamorano Aguilar, M. C.García Manga, M.Martínez-Atienza, F. J.Perea Siller (Eds.), Métodos y resultados actuales en Historiografía de la Lingüística. Nodus Publikationen, 574-584.).

La voz, según Robles, no puede definirse, como hace el diccionario académico, como el “sonido que el aire expelido de los pulmones produce al salir de la laringe, haciendo que vibren las cuerdas vocales”, pues ello implica que los sonidos sordos no son voces, que las voces solo se pueden producir en la laringe y que todos los sonidos formados en la glotis son voces (la tos, el bostezo, la risa, el estornudo). Podría, en cambio, definirse como “los sonidos (sones o ruidos) producidos por el aliento en cualquier lugar del órgano de la voz para los fines del lenguaje” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 114).

Por otra parte, la Academia define letra como “cada uno de los sonidos y articulaciones (?) de un idioma” y, especialmente, las letras son “los signos o figuras con que tales sonidos y articulaciones se representan”, explicaciones, sobre todo la primera, que no convencen a Ramón Robles, quien, en la identificación que se establece entre letra y sonido, ve confusión y falta de precisión, “la palabra letra despierta antes la idea de figura, trazo o rasgo que la de sonido” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 114). Y no le falta razón.

Esta reflexión le sirve, además, para introducir otra cuestión interesante y que afecta a la identificación entre letra y sonido o voz, pues no siempre la letra representa a un único sonido; así, por ejemplo, señala que la letra p es la representación del sonido [p], esto es, de un silencio o interrupción de la corriente de aire por su carácter oclusivo; que la letra x, en realidad, representa a más de u sonido [ks] o que el sonido lateral palatal [ʎ] se representa por más de una letra, ll4Vuelve a retomar el asunto y a repetir algunos de estos argumentos en su artículo “los nombres de las letras” publicado en el número 32 de la revista El lenguaje (1914).. Por otro lado, la letra n representa con el mismo signo a sonidos distintos o “muy diversos accidentes fonéticos determinados en virtud de especiales circunstancias de articulación” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 113): uno bilabial en con prisa, otro labidental en infinito, otro linguodental en anzuelo, otro apicoalveolar en nono, otro dorsopalatal en ancho, otro linguovelar en galán. Y los acentos o las “modificaciones tónicas indicadas por los signos de admiración e interrogación” no tienen, en cambio, ninguna representación gráfica en forma de letra. En la misma línea, en el artículo “Los nombres de las letras”, vuelve a defender la separación entre grafía y pronunciación y a retomar los ejemplos de [p], [t], [k], [m], [n], [ɲ], es decir, aquellos que conllevan cierre total de los órganos articulatorios, para indicar que son silencios y, por tanto, no se pueden nombrar como letras, esto es, “una cosa es la pronunciación de las letras y otra son los nombres con que se las designa” (La Escuela Moderna, n.º 156, 1904La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 161).

A partir de aquí reclama, a lo largo de todos sus artículos, una distinción clara y diferenciada entre estos conceptos, entre ortografía y pronunciación, y propone una nueva definición del término voz, “son los sonidos (sones o ruidos) producidos por el aliento en cualquier lugar del órgano de la voz para los fines del lenguaje” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 114).

Las definiciones del diccionario de la Real Academia Española le sirven también a Ramón Robles para reflexionar sobre otros conceptos de fonética, pues “para demostrar la verdad se hace indispensable demoler primero el error autorizado” (La Escuela Moderna, n.º 150, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 182).

Las acepciones que aparecen en el DRAE de articulación (“pronunciación clara y distinta de las palabras”), articulación artificial (“juego de los órganos orales, con emisión o sin emisión de sonidos, empleado por los sordomudos para darse a entender”) y la identificación que se desprende entre letra consonante y articulación de algunos de los artículos lexicográficos (“las consonantes son el resultado de las varias articulaciones de la voz”) son el desencadenante de este artículo. No se explica Robles que se identifique la articulación solo con la pronunciación clara y distinta y se pregunta por ello si “la pronunciación obscura, confusa, descuidada” es una articulación y, por tanto, “si el que pronuncie mal no articula” (La Escuela Moderna, n.º 150, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 181). Manifiesta también su sorpresa ante el artículo sobre la articulación artificial. Y critica la inexactitud y la incorrección de quien equipara letra consonante y articulación.

A partir de numerosos ejemplos demuestra con claridad y precisión que la articulación implica posición y movimiento de los órganos articulatorios (“articular un vocablo es disponer y variar convenientemente y con seguridad las sucesivas posiciones que exige la emisión de la serie de sus voces”, La Escuela Moderna, n.º 150, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 186) y ni una ni otro se representan por signos gráficos o letras. Se repite, de nuevo, la defensa de la delimitación diáfana y razonada entre ortografía y fonética.

Ramón Robles reclama, ante esta situación, modificar el contenido del diccionario académico en las definiciones de todos estos conceptos, pues “revela un desconocimiento, hoy ya muy reprensible, de las más transcendentales investigaciones fonéticas” (La Escuela Moderna, n.º 150, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 186).

3.3. La “Nueva teoría de las letras vocales”

 

Seguramente, el tema al que más tiempo y esfuerzo dedicó Ramón Robles fue al de la caracterización de las vocales, de modo que llegó a formular una “Nueva teoría de las letras vocales” que publicó en varios artículos de la revista La Escuela moderna (n.º 151, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905).; n.º 153, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905).; n.º 155, 1904La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905).) y de la Revista de archivos, bibliotecas y museos (n.º 9 y 10, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912).; n.º 11 y 12, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., n.º 26, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912).).

Ramón Robles, en un primer momento, rebate las definiciones de vocal que se daban en diccionarios y gramáticas y propone una caracterización a partir de unos criterios exclusivamente silábicos. No es partícipe de diferenciar vocales y consonantes a partir de si se pronuncian solas, las primeras, o en compañía de una vocal5Esta es, de nuevo, la diferencia que establecía la Academia al definir las primeras como “las que se pronuncian con solo emitir la voz, teniendo la boca dispuesta de cierto modo” y las segundas como “cada una de las que no suenan sino con el apoyo de una o dos vocales, y son el resultado de las varias articulaciones de la voz, como la b, la c, la ch, la d, la f y todas las del abecedario, excepto las vocales” (La Escuela Moderna, n.º 151, 1903, p. 266)., las segundas, pues entiende que f, z, s, j, v o m, por poner algunos ejemplos, pueden articularse solas6Merece la pena reproducir la argumentación de Robles en este sentido: “Y no solo cabe pronunciar estas letras [f, z, s, j, v, m] sin el auxilio de las vocales, se puede también prolongar continuadamente el sonido de muchas de ellas, y hasta variar su tono, intensidad y timbre. Tarareamos o remedamos toda una pieza musical con solo el continuo o repetido sonido de la s, de la ch, de la m o de otras consonantes […]. Con una sola m preguntamos: ¿m?, ¿qué has dicho? Con la s imponemos silencio o llamamos la atención. ¡Bf, qué calor!, ¡pf, qué peste!, son interjecciones muy usadas en nuestra lengua […]. El error de creer que las consonantes son impronunciables sin el auxilio de las vocales ha nacido de haberse hecho más notorias las articulaciones de algunas letras que las letras mismas” (La Escuela Moderna, n.º 151, 1903, p. 267). y que una distinción como esta confunde los nombres de las letras con sus articulaciones, lo cual debe evitarse en fonética.

Tampoco le resulta adecuada la distinción de unos y otros sonidos a partir de criterios acústicos. No está de acuerdo en la distinción vocales=sonidos y consonantes=ruidos que sostiene Paul Passy, pues, con muy buen criterio, Robles sostiene que mientras que f, z, s y j son siempre ruidos, l o m no lo son y acústicamente se comportan como las vocales, esto es, diferencia perfectamente la onda aperiódica que generan los sonidos fricativos y la estructura armónica (parecida a la vocálica, aunque de menor intensidad) que caracteriza a laterales y nasales7En este sentido, ya señaló Antonio Quilis que “en las vocales también aparecen zonas de ruido (debidas al roce del aire al pasar por la cavidad bucal) localizadas en las altas frecuencias, y en las consonantes coexisten ‘ruidos’ y ‘sonidos musicales’. Planteada la cuestión en estos términos, solo podemos decir que en la vocal predomina la resonancia musical, mientras que en la consonante predominan los ruidos” (1993, p. 141)..

Ni tampoco le parece adecuada la caracterización que hace Eduardo Benot cuando señala que las vocales son hipertonos reforzados (“las vocales habladas se forman en la garganta y han de pasar, para ser oídas, por una cámara de resonancia, donde se refuerza algún hipertono y se eliminan o amortiguan los demás”, La Escuela Moderna, n.º 153, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 430) que presentan una serie de condiciones necesarias: vibración de las cuerdas vocales, formación de cámaras de resonancia, coexistencia o simultaneidad de estas condiciones, no interrupción de la libre salida del aire. En primer lugar, Robles demuestra que el hipertono reforzado solo fija el timbre del sonido, por lo que este es caracterizador tanto de vocales como de consonantes8Afirma Robles que “todo hipertono presupone un sonido fundamental y tanto este como el hipertono más reforzado en las cavidades del órgano fonador, y los otros hipertonos que lo son menos, todos son elementos constitutivos de la complejidad del sonido vocal. Y no solo de los sonidos vocales, sino también de los consonantes y de todos los sonidos habidos y por haber” (La Escuela Moderna, n.º 153, 1903, p. 429), esto es, parece diferenciar la frecuencia fundamental de los armónicos y cómo la resonancia modifica la amplitud de los armónicos cuando la onda sonora pasa por las cavidades supraglóticas, lo que afecta por igual a vocales y consonantes.; en segundo lugar, prueba que consonantes como l o m cumplen las condiciones establecidas por Benot: vibran las cuerdas vocales en su producción, se forman cámaras de resonancia al pronunciarlas y no se interrumpe la salida del aire, la primera por la nariz y la segunda al ser lateral. No sirven, por tanto, estas definiciones.

Y no comparte la caracterización de vocales y consonantes asociada a la abertura de la boca, pues es “insegura y difícil de precisar” (La Escuela Moderna, n.º 153, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 432)9Ya demostró Navarro Tomás (1932: 47, 83, 133), unos años después, que una vocal como /i/ presenta una abertura entre los incisivos de 4 milímetros; la consonante /p/, de 5 milímetros y la consonante /ʎ/, de 6 milímetros. Y Quilis (1993, pp. 142-143), tras resumir los resultados de los experimentos de Straka, concluye que “bajo la acción de una articulación fuerte, el grado de cierre de la consonante es el máximo, y el de la abertura de la vocal también; en la articulación débil, la consonante tiende a abrirse y la vocal a cerrarse”..

Para Robles, el único criterio válido en estos años para definir las vocales, y diferenciarlas así de las consonantes, es, tal y como demostraron los gramáticos griegos, su posibilidad de formar núcleo silábico: “las vocales son aquellas voces o letras que más principal y comúnmente forman la base o núcleo de las agrupaciones silábicas” (La Escuela Moderna, n.º 155, 1904La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 87), de modo que cuando la vocal no es núcleo silábico deja de ser vocal.

Con el paso del tiempo, la publicación de su Cartilla fonética para enseñar a los niños y sordo-mudos el arte de la lectura (1904) y la lectura de las novedades bibliográficas que se habían producido en Europa, Ramón Robles cambia de parecer y deshecha también el criterio silábico para la caracterización de las vocales, pues, por un lado, el número de vocales puede variar de una lengua a otra al considerar algunas consonantes como núcleos silábicos (l y r en sánscrito, por ejemplo)10Pone también como ejemplos lo que ocurre en francés en “ne me parles pas”, en donde el núcleo de la primera sílaba está formada por la m (nm) al ser la e una letra muda; lo que pasa en inglés en “little, ladle”, donde “no se pronuncia la e, hace la l el oficio de vocal, es el núcleo de la sílaba”; o lo que sucede en Galicia, en donde “pronuncia algunas consonantes formando sílaba ellas solas, y así dicen, a-d-mi-rar-, a-d-ver-ti-r, que algunos transcriben inexactamente por adimirare, adivertire” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 9-10, 1911, p. 241). y, por otro, algunas vocales, cuando no son el núcleo o cima de la sílaba (u e i, por ejemplo, en diptongos como fui o pie), son consideradas por quienes defienden tal teoría como consonantes. Además, acaba sosteniendo, a partir de ejemplos en verso, que la sílaba es solo un elemento rítmico de la palabra, constituido por pies métricos que pueden o no coincidir con los elementos integrantes de la palabra (raíz, afijos, desinencias…), de manera que, en función del ritmo, una palabra puede tener más o menos sílabas11Ramón Robles ejemplifica estas últimas cuestiones con varios versos que presentan sinalefas: “siem-prehan-si-do”, “sehaem-bar-ca-do”, de manera que “cesuras silábicas de un sufijo, desinencia o terminación pasan circunstancialmente a formar sílaba con elementos iniciales de otra palabra que sigue” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912, p. 103). Y lo mismo ocurre con “ma-jes-tuo-sa y-di-á-fa-na” o “ma-jes-tu-o-sa y-diá-fa-na”.. Este criterio tampoco es, por tanto, válido para definir y caracterizar a las vocales.

Por estas razones, en la serie de artículos publicados en la Revista de archivos, bibliotecas y museos (1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912). y 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912).), vuelve a repetir, con más detalle y fundamentación bibliográfica12Entre el que se puede considerar el canon histórico interno explícito que maneja Ramón Robles están la Real Academia Española, Hermann von Helmholtz, Fernando Araujo, Amor Ruibal (Filología comparada), Paul Passy, Eduardo Benot, Ernst Wilhelm von Brücke, Edward Sievers, Moritz Thausing, Pietro Merlo, William Dwight Whitney, Friedrich Techmer, Karl König, abate Rousselot, Mauricio Trautmann, Franciscus Cornelis Donders, Charles Wheatstone, Franz Bopp, Wolfgang von Kempelen y las máquinas parlantes o Hermann Grassmann, entre otros. Es decir, Robles había leído la obra de físicos, músicos, médicos (anatomía, laringología), filólogos, lingüistas, prosodistas y fonetistas de todos los tiempos tanto europeos como americanos, y estaba al día de los avances que se estaban produciendo en Europa en fonética experimental (diapasones, quimógrafo, resonadores), en psicoacústica, en música (establecimiento de una escala musical definida a partir de la frecuencia de la nota la, la teoría fisiológica de la música), en fonética articulatoria (desarrollo de técnicas e instrumentos para el aparato fonador, esquemas o triángulos vocálicos), en dialectología o en gramática histórica (sánscrito, lingüística indoeuropea, neogramáticos), además de en enseñanza de segundas lenguas y métodos de aprendizaje., su “Nueva teoría de las letras vocales”. Insiste en estas páginas en rebatir las argumentaciones de los autores que distinguen las vocales por articularse solas frente a las consonantes que han de pronunciarse en compañía de una vocal, también las de aquellos que basan la distinción en criterios acústicos, las de quienes sostienen que la abertura es la base de la diferencia y las de quienes, como en la tradición gramatical, afirman que las vocales constituyen los únicos núcleos posibles de las sílabas. Entonces, “¿En qué ha de fundarse, pues, esta vulgarísima clasificación [de las letras], tan conocida por todos en la práctica, tan ignorada en su esencia?” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 9-10, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 250).

Ramón Robles elabora una teoría, conjetural “porque no dispongo de aparatos de acústica ni de otros medios de experimentación con que comprobar ni en que apoyar mi teoría” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 11-12, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 374), en la que caracteriza muy acertadamente los sonidos en función de rasgos acústicos y articulatorios. Entre los primeros, destaca el timbre, pero no como lo consideran Helmholtz y otros físicos del siglo XIX,13Les reprocha Ramón Robles que clasifiquen los sonidos como dulces, ásperos, argentinos, duros, suaves, sordos, claros, obscuros, llenos, ricos, débiles, huecos, gangosos, vacíos, limpios, agrios y penetrantes, roncos, estridentes y nasales, pues “no determinan nada ni sirven más que para embrollar” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 11-12, 1911, p. 375). sino atendiendo, fundamentalmente, a la intensidad (que distingue entre sonidos sonoros y sonidos tenues), a la altura del “sobretono dominante” (que distingue entre sonidos agudos y graves) y a la armonía (que distingue sones y ruidos). Las vocales, a las que dedica la mayor parte de su caracterización, son definidas a partir de los dos primeros criterios, que, a su vez, vincula estrechamente con las posiciones del aparato fonador. La vocal /a/ es la más sonora y también la más abierta; las vocales /e/ y /o/ son menos sonoras y también son las medias o semiabiertas y las vocales /i/ y /u/ son las más tenues y también las más altas o cerradas, lo que permite crear una escala de sonoridad desde la vocal más sonora o intensa a la más tenue: a, o, e, u, i. Por otro lado, las vocales graves son /o/ y /u/, que son en su articulación las más posteriores o velares, y las agudas son /e/ e /i/, que son en su articulación las más anteriores o palatales, diferencias que permiten también establecer una escala de gravedad: u (bajo-grave), o (grave), a (normal), e (aguda), i (sobre aguda).

En el último artículo publicado en la Revista de archivos, bibliotecas y museos, Ramón Robles detalla el aparato fonador y sus movimientos en la articulación de las vocales, dado que “las varias disposiciones del órgano de la voz y sus diversos movimientos modifican con grandísima flexibilidad el tono, timbre e intensidad de los sonidos orales” (n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 91). A partir de un perfil articulatorio, Robles explica cómo las posiciones del aparato fonador influyen en la onda sonora de cada sonido y, por tanto, en sus características acústicas, y expone con detalle cómo “la forma y capacidad del tubo fonador” (n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 93) determina cada una de las vocales14Esta imagen y la descripción de los órganos orales, su funcionamiento y su utilización para indicar los lugares y modos de articulación de vocales y consonantes vuelven a publicarse en 1913 en el número 20 de la revista El lenguaje..

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Figura 1: Perfil del órgano de la voz (1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 91) 

Según Robles, en la articulación de la vocal /a/, la lengua y la laringe están en reposo, los labios abiertos y la úvula pegada a la pared faríngea. En la articulación de la vocal /u/, se alarga el tubo fonador con los labios redondeados hacia delante y se retrae y encoge mucho la lengua. En la articulación de la vocal /i/ se reduce y disminuye el tubo fonador y se aproxima la lengua al paladar, de modo que “los bordes laterales cierren en toda su extensión contra las muelas de arriba” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 96). Finalmente, para la articulación de la vocal /e/ se reduce el tubo acústico más que en la /a/ y los bordes de la lengua tocan las muelas dejando una estrechez mayor que en la vocal /i/. Todas estas descripciones van acompañadas de imágenes de perfiles articulatorios y cortes frontales de la boca de cada una de las vocales:

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Figura 2:  Perfiles articulatorios de las vocales (1912, pp. 95-97)

Las cinco vocales fundamentales, por tanto, se caracterizan a partir del ensanchamiento y alargamiento del tubo fonador, de la abertura y del lugar articulatorio o posición de la lengua, lo que determina que sean, acústicamente, vocales sonoras y tenues y vocales graves o vocales agudas. A partir de las modificaciones o combinaciones de estas vocales fundamentales se pueden obtener el resto de sonidos vocálicos que se encuentran en otras lenguas, esto es, articulaciones semicerradas, casi cerradas, semiabiertas, casi abiertas, semianteriores, semiposteriores... Así mismo, la posición de la úvula despegada de la pared faríngea (“agregamos el apéndice invariable del tubo nasal”, Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 99) origina sonidos gangosos, “conocidos generalmente por nasales francesas” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 99), es decir, sonidos oronasales en los que se identifica la resonancia nasal que implica la salida del aire por la cavidad rinofaríngea (por la separación de la úvula de la pared faríngea) con los defectos en los conductos de la nariz asociados al gangueo.

Las consonantes, por su parte, son caracterizadas de forma mucho más breve y menos exhaustiva: “no tienen timbre especial ni relativamente determinado, sino que asimilan su timbre y modifican su posición propia, acomodándola en cada caso al timbre y posición de algunas de las vocales” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 106). Estas palabras parecen aludir a las transiciones de los sonidos consonánticos, determinantes para su reconocimiento, pues Ramón Robles afirma que las consonantes, salvo en el caso de las oclusivas15Las consonantes oclusivas o silencios, según Ramón Robles, no tienen “timbre propio ni vario, naturalmente, porque no suenan, pero sí posición determinada como las consonantes, y por ello se tienen por tales” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912, p. 106)., “acomodan su timbre y posición en cada caso al timbre y posición de alguna de las vocales” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 106), es decir, modifican su articulación en función de su lugar articulatorio y del de las vocales que las acompañan, demostrando así que el movimiento del aparato fonador pasa de un sonido a otro sin interrupción y que las transiciones de los sonidos consonánticos hacia las vocales contiguas son esenciales para su identificación.

En 1913 y en 1914, en los números 21, 25 y 26 de la revista El lenguaje, y como respuesta a dos cartas remitidas por Gonzalo Losada Pardo, colaborador gallego de la revista, en la que le pregunta a Robles sobre el timbre de vocales y consonantes, vuelve a publicar algunos de los contenidos de su teoría vocálica y a explicar con detalle las propiedades que caracterizan a los sonidos (intensidad, duración, tono y timbre).

3.4. La sílaba y el acento

 

En varios artículos de la revista El lenguaje, Ramón Robles se ocupa de “La acentuación castellana”. Aunque aborda algunas cuestiones interesantes desde el punto de vista ortográfico16Estas cuestiones están motivadas por “la debatida cuestión de nuestra acentuación ortográfica se halla actualmente sobre el tapete, desde que la Academia publicó la última edición de su Gramática, consagrando oficialmente la supresión de las tildes innecesarias sobre los monosílabos a, e, o, u” (El lenguaje, n.º 5, 1912, p. 120). y métrico17Aunque no la expone con detalle, sí aspira a describir una teoría rítmica completa bien fundamentada y ejemplificada. Sí publica, en cambio, algunos escritos sobre la cesura métrica, el verso endecasílabo, la octava real española y páginas literarias que no son sino poemas con su análisis métrico correspondiente (El lenguaje, n.º 23, 1913; n.º 25, n.º 26, n.º 29, 1914)., son páginas en las que también trata del acento como rasgo prosódico. Así, caracteriza al acento como un elemento prosódico que se define a partir de su intensidad, tono y duración; asocia con precisión el acento a la sílaba y no a las unidades segmentales; distingue los diferentes patrones y esquemas acentuales18Afirma, por ejemplo, que “otras veces, por el contrario, varias palabras forman una sola agrupación rítmica, ya uniéndose unas a otras como enclíticas o proclíticas, dándolo, búscame, cuéntase, contertulio, encerrar, paracaídas, sinvergüenza, sobreescrito, sobrehueso” (El lenguaje, n.º 5, 1912, p. 121).; caracteriza el grupo acentual con palabras tónicas con acento léxico y palabras átonas agrupadas en torno a las primeras (“varias palabras forman una sola agrupación rítmica […], ya permaneciendo separadas en la escritura, aunque enclíticas en la pronunciación, como mi libro, la casa, si viene”, El lenguaje, n.º 5, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 121)19Un poco más delante, con precisión y brillantez, describe las propiedades fonéticas asociadas a los suprasegmentos y el concepto de grupo acentual: “las letras se suceden unas a otras con mayor o menor duración, con tono más o menos elevado, con su riqueza de timbres. Estos sucesivos más y menos, estas alzas y bajas en cualquiera de los caracteres de los sonidos orales, constituyen culminancias cuyo núcleo o vértice está formado por las letras prominentes en virtud sobre todo de la mayor sonoridad natural o característica de su timbre, o bien por una mayor intensidad o cuantidad accidental; culminancias alrededor de las cuales se agrupan los sonidos menos eminentes, juntándoseles como en dependencia, y participando en cierto modo de su propio ser” (El lenguaje, n.º 7, 1912, p. 172).; diferencia con claridad la función contrastiva (el acento sirve “para marcar la sílaba que debe pronunciarse con mayor intensidad relativa en cada palabra: máscara, carácter, cascarón […] y como signo diacrítico de distinción léxica: de, preposición, , verbo; tu, adjetivo, , pronombre; el, artículo, él, pronombre”20Robles se muestra contrario a la utilización del acento en estos últimos casos: “el emplearlo como signo diacrítico para la distinción de palabras de diferente categoría es innecesario, pues el contexto nos indica esa distinción, por la función de cada una de ellas en la frase” (El lenguaje, n.º 5, 1912, p. 124)., El lenguaje, n.º 5, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 123), la función distintiva, con todos los posibles esquemas acentuales del español, y la función culminativa del acento, de manera que describe que “hay acentos eminentes de intensidades dominantes, que forman por su notable culminancia los núcleos o los límites de agrupaciones rítmicas de mayor complejidad: Nunca en Italia vína da tan bello” (El lenguaje, n.º 5, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 121) y ejemplifica el ritmo en español con diferentes versos en los que alternan sílabas prominentes y no prominentes. Así mismo, subraya la existencia de dos acentos prosódicos en algunas palabras o de acentos primarios y acentos secundarios (lógicamente, hábilmente), “dos culminancias son incompatibles en una misma unidad rítmica, como son incompatibles dos amos en una casa o dos reyes en un reino. Ha de haber un solo mando, una sola eminencia, sin perjuicio de que existan distintas jerarquías bajo su dominio (El lenguaje, n.º 10, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., pp. 256-257).

El tratamiento del acento y de las sílabas acentuadas lleva a Robles, en algunas ocasiones, a tratar sobre la división silábica en español, especialmente en los casos en que hay secuencias vocálicas21Llega afirmar Robles que “los grandes enredos de nuestra acentuación están precisamente en los diptongos, de aquí la conveniencia de tener muy presentes estas nociones generales de rítmica” (El lenguaje, n.º 7, 1912, p. 173).. En este contexto, se puede ver cómo Robles caracteriza las palabras a partir de su estructura silábica (monosílabas, trisílabas, polisílabas); cómo distingue los constituyentes silábicos (especialmente, el núcleo o centro); cómo señala los principios de ordenación de las vocales en las sílabas, de manera que, para él, es claro “que las vocales son, por su propia naturaleza o sonoridad esencial, unas más culminantes que otras. Hemos establecido tres categorías de sonoridad natural en las vocales: a, la más sonora; o y e, intermediarias, y u, i, las más tenues” (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 257), lo que parece diferenciar, en una escala de sonoridad, las vocales silábicas, esto es, las que están más a la derecha por ser más perceptibles, de las vocales satélites o marginales; cómo destaca casos como fuí, huí pronunciados en dos sílabas; cómo enumera los posibles diptongos, triptongos e hiatos22Entre los primeros están las secuencias de “vocales de la misma sonoridad, pero de opuesta gravedad, son diptongables cuando se emiten con igual fuerza y cuando la segunda es más fuerte que la primera: iu, ui, eo, oe, iú, ui, eó, oé”, las “vocales de diferente sonoridad, siendo tenue la prepositiva, pueden diptongarse si no llevan acento, o si lo llevan en la pospositiva: ia, ua, io, uo, ie, ue, ea, oa, iá, uá, ió, uó, ié, ué, eá, oá” y las “vocales de diferente sonoridad, siendo más sonora la prepositiva que la pospositiva, son diptongables cuando ninguna lleva acento”. Para los triptongos operan las mismas reglas.Entre los segundos se encuentran, en cambio, las secuencias de “vocal tenue fuerte con sonora, o viceversa: ía, úa, aí, aú, ío, úo, oí, oú, íe, úe, eí eú, éa, óa, aé, aó”, o “vocal fuerte con larga de la misma sonoridad pero de gravedad diferente: óe, éo, úi, íu”, o dos vocales iguales (El lenguaje, n.º 7, 1912, p. 174 y ss.). en español a partir de los rasgos que, en su “Nueva teoría de las vocales”, ha establecido para las vocales (sonoridad, vocales tenues…) y cómo es capaz de ilustrar con numerosos ejemplos los casos de los denominados “hiatos excepcionales”:

Pero solo en regla general pueden establecerse los casos de diptongación, pues aun con las combinaciones de vocales más perfectamente diptongables, como por ejemplo, que ordinariamente forman diptongo, el uso ha establecido que a veces no lo formen, o que sea potestativo otras veces el formar diptongo o no formarlo. Así se dice copiar y confïar, diafano o dïáfano. Pero nunca serán buenos diptongos, aunque los hayan practicado todos nuestros más clásicos poetas, los formados con vocales de incompatible culminancia (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 178)

Y con algunos ejemplos de la métrica clásica castellana aprovecha, una vez más, para criticar a la Academia y a quienes, por desconocimiento de las propiedades de las vocales, pervierten las secuencias vocálicas puras del español:

El desconocimiento de esa ley rítmica y de la propia naturaleza y caracteres de las vocales ha tenido y tiene inhabilitada a nuestra Academia para impedir el avance y propagación de la corruptela prosódica, y hoy hay que reconocer el hecho, mal que nos pese, de la deformación de nuestras palabras, con el viaje del acento a vocal donde no corresponde, en diptongaciones licenciosas inadmisibles (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 179)23En el número 10 del mismo año, vuelve a insistir en la misma idea: “Por esta ignorancia del acento y de la diptongación castellana, los malos poetas (y los buenos) desnaturalizan nuestra ortofonía y estropean prosódicamente muchas palabras, que, por carecer de una notación acentual más adecuada, no pueden fijarse por escrito en cuanto a su prosodia. Y de aquí nace la indecisión fonética de ciertos vocablos, la doble rítmica de algunos, la viciosa pronunciación de muchos” El lenguaje, n.º 10, 1912, p. 254).

A pesar de estas consideraciones y de la fundamentación de la teoría vocálica de Robles, lo cierto es que incluye entre las secuencias tautosilábicas o diptongables24Ante los problemas que, según Robles, genera la nomenclatura sobre la diptongación (“el tecnicismo prosódico de la diptongación es harto confuso, impropio y en cierto modo innecesario”), él opta por utilizar solo los términos de diptongación y adiptongación (El lenguaje, n.º 7, 1912, p. 175). ejemplos como patria, fragua, lluvia, violeta, piedad, cuentecillo, cuatro, cuota, piedra, cielo, fuerte, caimán, reiré, triunfo, cuita, feudo, deuda o causa al lado de peatón, línea, coacción, loable, crear, caos, loable, albahaca, lee, su humildad o tiita, pues la formación del diptongo es asociada a la duración de la vocal y “en todo diptongo la vocal pospositiva es más larga que la prepositiva” (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 171), a su sonoridad y a su tenuidad. Así, por ejemplo y aunque hay diferentes categorías de diptongos, dos vocales iguales (misma sonoridad y misma gravedad), dos vocales de la misma sonoridad, pero de opuesta gravedad, dos vocales de diferente sonoridad átonas y dos vocales de diferente sonoridad, pero siendo átona la primera, forman siempre diptongo. En cambio, constituye adiptongos o hiatos las combinaciones de vocal tenue tónica con sonora y de vocal tónica con larga de la misma sonoridad, pero de gravedad diferente, esto es, los formados con vocal cerrada/alta tónica y los formados por éa, óa, aé, aó, éo, óe (día, falúa, lío, Díez, evalúe, reúne, país, oír, Jaén, ahogo, menea, canoa, feo, roe, museo).

Ello coincide, parcialmente, con la propuesta que, desde 1815Real Academia Española (1815). Ortografía de la lengua castellana. Imprenta Real., aparece en la Ortografía de la lengua castellana de la Academia25En las ediciones anteriores del texto ortográfico, la Academia había preferido no caracterizar las agrupaciones tautosilábicas, “la disputa de si la Lengua Española tiene, ó no diphthongos, y tripthongos, esto es, que una, dos, ó tres vocales juntas constituyan una sýlaba, toca tambien á la Prosodia, ó más propriamente á la Gramática, y su decisión es difícil, y que pedía una larga disertación, fuera de ser nada útil a la Orthographía. Lo cierto es que si nuestra Lengua tiene diphthongos, y tripthongos, son todos abiertos, esto es, en ellos se pronuncian todas las vocales […]. Por esta reflexión ha determinado la Academia excusar en este tratado la resolución de esta disputa; reservándola para sus proprias facultades (1741, pp. 238-240)., donde se puede leer que un diptongo es la unión de dos vocales en una sílaba, “pronunciándose en un solo tiempo” (pág. 61), es decir, no atiende al tipo de vocales que integran las agrupaciones tautosilábicas, sino solo al número de vocales. Entre ellos la Academia cita línea, Bóreas, virgíneo y héroe, junto a dabais, hay, pausa, veis, ley, deuda, gracia, cielo, fragua, dueño, ruido, muy y arduo. La Academia no reconoce las secuencias de dos vocales iguales como hiatos (como tampoco en palabras como fie, fié, huir) hasta la “Prosodia” incluida en la Gramática de 1870Real Academia Española (1870). Gramática de la lengua castellana. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra..

Estas afirmaciones le acarrearon a Ramón Robles varias réplicas que fue publicando en sucesivos números de la revista El lenguaje bajo el apartado “Corresponsalías”, lo que convierten a la publicación en un foro de discusión y debate. En el número 13, Juan B. Selva, profesor argentino de castellano en Dolores y autor de El castellano en América. Su evolución y de La evolución del acento: Y breve crítica al sistema de acentuación ortográfica impuesto por la Real Academia, manifiesta su discrepancia con Robles en el tratamiento de algunas secuencias tautosilábias: “acepto sólo las combinaciones de vocales que admiten Bello y la Academia. Para mí, las combinaciones de vocales llenas no pueden formar diptongo y me fundo en que toda vez que se quieren pronunciar rápidamente, en una sola emisión de voz, combinaciones de esta índole, una de las vocales llenas tiende a trasformarse en débil; así, pe-ón se torna pión; lí-ne-a, linia; hé-ro-e, he-rue; etc.”

Se refiere Selva a los Principios de la ortolojía y métrica de la lengua castellana (1835Bello, A. (1835). Principios de ortolojía y métrica de la lengua castellana. Imprenta de la Opinión.) de Andrés Bello, en donde había establecido que en español “dos vocales llenas [abiertas] no forman naturalmente diptongo” (p. 45) y dos vocales “la primera débil [cerrada/alta] y la segunda llena, y está acentuada la llena, las vocales concurrentes forman unas veces diptongo y otras no” (p. 46) y había ofrecido la lista de los casos complicados (fiamos, rio, naviero, brioso, diana, suave, huir, criador, iríais) y su división silábica en español.

La respuesta de Robles es cuanto menos curiosa, si no contradictoria, pues, para sostener que un diptongo puede estar formado solo por vocales medias y abiertas, recurre a la métrica castellana: “no hay razón alguna para negar la formación de diptongos sin la concurrencia de las vocales i, u, como lo demuestra prácticamente toda nuestra métrica castellana y la versificación de todas las lenguas” (El lenguaje, n.º 13, 1913El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 22). Las pronunciaciones [línia] y [hérue] son, según Robles, una “pura ilusión” por no querer explicar el diptongo sin la presencia de las vocales altas o cerradas.

Mucho más airado se muestra Felipe Robles Dégano, autor de una Ortología clásica de la lengua castellana fundada en la autoridad de cuatrocientos poetas (1905), en su artículo “Los diptongos castellanos” con la “Nueva teoría de las vocales” de Ramón Robles, quien, en una publicación anterior, había calificado su obra, por fundamentar su argumentación en la métrica, como un texto en el que “muchas de sus reglas son arbitrarias, inseguras, inexactas, ficticias, porque no se fundan en ley sólida, porque no pueden ser absolutas, como ellos [Benot en su Prosodia y Robles Dégano en su Ortología] las establecen” (El lenguaje, n.º 14, 1913El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 40).

La respuesta de Robles Dégano es breve, clara y concisa: “las leyes fundadas en la naturaleza de las vocales deben ser aplicables a todas las lenguas, porque no es de creer que todas hayan quebrantado esas leyes de la naturaleza. Pero el caso es que esas leyes no son aplicables a ninguna lengua, ni se han guardado nunca en el uso común, ni siquiera en la lengua castellana. Luego las leyes de los diptongos que el Sr. Robles Rodríguez establece en su nueva teoría son arbitrarias, ficticias y falsas” (El lenguaje, n.º 14, 1913El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 40).

La respuesta de Ramón Robles, cargada con no poca ironía, vuelve a fundamentarse en los rasgos caracterizadores de las vocales: para él es claro que “con arreglo a esa ley no pueden admitirse como buenos, diptongos ni sinalefas que tengan dos culminancias incompatibles, porque en toda entidad rítmica no puede haber más que una sola culminancia”, razón por la que “en día no puede haber diptongo, ni tampoco en feo”, de lo que, además, se desprenden leyes ortológicas inmutables y universales (El lenguaje, n.º 14, 1913El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 43).

Se enzarzan ambos en los criterios utilizados en sus respectivas obras, los poetas clásicos y el uso de Robles Dégano vs. las leyes de la acústica y la fonación de Robles, y en calificarse, respectivamente, como inseguros, sin demostración lógica y argucias, cavilosidades lingüísticas.

En la sección “Indagatorio filológico” del número 15 de El lenguaje (1913El lenguaje (1912, 1913, 1914).), se pregunta “¿por qué de vaciar dicen algunos vacían y de auxiliar, auxilían, en vez de vacian y auxilian?”, pregunta que le sirve a Robles, de nuevo, para reflexionar sobre las secuencias vocálicas que se forman de los verbos en -iar, -uar, -ear, -oar y sobre su variación (“las vocales de estas terminaciones se diptongan en unos verbos y en otros no”, p. 95), así como para criticar a la Academia Española, por no explicar con claridad y determinación en qué casos se producen cada una de las secuencias vocálicas, y a Robles Dégano (“mas confieso mis dudas: siempre oí decir que los rumïantesrumían; y me da cierto miedo ahora de pronunciar esta palabra después de saber que el Sr. Robles Dégano pronuncia rumian”, p. 95).

3.5. Las aplicaciones de la fonética: la enseñanza a personas sordas

 

Ramón Robles reivindica en toda su obra las aplicaciones de la fonética, pues, tal y como él la entiende (ciencia “que estudia los sonidos orales en su naturaleza, modificaciones, manera de producción, combinaciones y aplicación a las necesidades del lenguaje, así como también su más acertada representación”, (1900Robles, R. (1900). Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje. José María Paredes., p. 17), es una materia muy valiosa para numerosos fines: profesores de lenguas extranjeras, filólogos, maestros de escuela, compositores, cantantes y oradores, profesores de canto, neógrafos, taquígrafos, médicos y, por supuesto, maestros de sordomudos.

Así, en un artículo publicado en 1904 en La Escuela Moderna y titulado “La lectura facial. Paliativo de la sordera” y en dos publicados en El lenguaje en 1912, Robles expone que la enseñanza de labios o la lectura “de la faz de su interlocutor” puede resultar un complemento excelente para la formación de las personas sordas. Entiende que, dado que a “cada sonido o letra corresponde una posición de los órganos orales y cada cambio de posición exige un movimiento de los mismos” (La Escuela Moderna, n.º 159, 1904La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 350), el conocimiento de la fonética articulatoria y su aplicación, por parte de “algún profesor competente que haya hecho un estudio profundo de los elementos fonéticos de la palabra” (La Escuela Moderna, n.º 159, 1904La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 350), pueden resultar de gran utilidad en la formación de personas sordas. Para ello, y pese a reconocer que no todos los movimientos del aparato fonador son visibles (por ejemplo, cita las consonantes velares o dorsales) y que algunos son muy próximos y, por tanto, difíciles de diferenciar en la lectura facial (por ejemplo, las consonantes nasales dental y palatal o las consonantes oclusivas dentales), incluye algunas muestras de perfiles articulatorios que le permiten concluir que el conocimiento de la fonética articulatoria (“la fisiología y funcionamiento de los órganos fonadores”, La Escuela Moderna, n.º 159, 1904La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 352) asegura “una estimable ventaja” en la enseñanza de la pronunciación.

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Figura 3: Imágenes procedentes del artículo “La lectura facial”

En el mismo sentido, unos años después, vuelve a reivindicar la aplicación de la fonética en la enseñanza oral a personas mudas: “las más recientes investigaciones fonológicas pueden y deben normalizar hoy día científica y experimentalmente esta benéfica educación [oral de los sordomudos], analizando bien y lo bastante la naturaleza, origen orgánico y manera de formación de las letras, sus analogías, modificaciones, modulaciones y combinaciones, y las diversas agrupaciones que forman los conjuntos rítmicos del lenguaje” (El lenguaje, n.º 11, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 296).

3.6. Otros conceptos fónicos

 

A lo largo de las páginas que Ramón Robles publicó en prensa y, aunque no les dedicara la atención que merecían, fue introduciendo algunos otros conceptos y precisiones de interés para la historia de la fonética articulatoria del español. Así, por ejemplo, describe perfectamente el proceso de coarticulación fonética o modificaciones de los órganos articulatorios para pasar de un sonido a otro y distingue, especialmente, las modificaciones (asimilación, sobre todo) anticipatorias: “al agrupar sucesivamente estos sonidos, que llamaremos voces, pueden ocurrir muchos accidentes en la juntura o articulación de unos y otros para que resulten conjuntos continuos” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 112) o “algunas letras expresan muy diversos accidentes fonéticos determinados en virtud de especiales circunstancias de articulación. Tal ocurre con la diversa formación de la letra n en dicciones como las siguientes: con prisa, infinito, anzuelo, nono, ancho, galán. La oclusión de la n es bilabial en el primer ejemplo; labidental en el segundo; linguodental en el tercero; apicoalveolar en el cuarto; dorsopalatal en el quinto y linguovelar en el último” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 113).

En la misma línea, habla de fonemas de transición o sonidos “que sirven de paso gradual en la articulación de una letra con otro, dentro de una misma sílaba” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 9-10, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 241), esto es, parece, a falta de más información, aludir a los movimientos articulatorios que produce el aparato fonador cuando cambia de posición para pasar de un sonido a otro.

Así mismo, al tratar sobre la división silábica en español, diferencia entre sonidos articulados aisladamente y sonidos agrupados, y explica diferentes procesos de silabificación y resilabificación como la concurrencia fónica de las consonantes homólogas (de libro/del libro, los altos/los saltos, misales/mis sales), en donde, a pesar de la misma distribución silábica, no coinciden las sílabas (de-li-bro/del-li-bro, los-al-tos/los-sal-tos, mi-sa-les/mis-sa-les) ni la duración de sus componentes (“con la consiguiente mayor duración de dicha letra [l, s en los ejemplos], está la diferencia fonética de ambas frases”, Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 104). Y también reflexiona sobre la relación entre la delimitación silábica y la delimitación morfológica, y cómo no siempre coinciden una y otra26Las palabras de Ramón Robles al respecto son las siguientes: “Y, finalmente, por ser la sílaba elemento tan distinto de los constitutivos verdaderos de la palabra [es decir, de su constitución morfológica], se explica también que las divisiones silábicas no coincidan las más de las veces con aquellos elementos significativos que integran los vocablos. Así no se divide silábicamente pan-ad-er-ía, sino pa-na-de-ría, no bal-con-es sino bal-co-nes, no duc-al-es sino du-ca-les […]. Lo cual no se opone a que a veces, las menos, pueda coincidir la división silábica con la distribución de elementos componentes de la palabra: vos-o-tros, no-o-tros, dis-po-ne-mos” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912, p. 103). Si bien reconoce que la división silábica (una consonante entre dos vocales forma sílaba con la vocal siguiente) se puede aprender y dominar pronto, la división a partir de criterios morfológicos y semánticos, en cambio, solo pueden practicarla los filólogos..

Ramón Robles también expone que las vocales “son relativas modalidades del timbre de la voz humana, no determinadas fijamente y con carácter absoluto, sino diferentes en cada persona y en cada circunstancia, aunque guardando siempre entre sí o unas con otra especial relación de grado o intervalo en el orden de su serie” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 11-12, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 375), es decir, diferencia sonidos con propiedades y rasgos estables que los definen fonéticamente y sus realizaciones concretas irrepetibles, individuales y asociadas a hablantes que producen sus actos de habla en contextos determinados y únicos. Está describiendo, pues, las diferentes realizaciones de los fonemas (RAE y ASALE 2011Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2011). Nueva gramática de la lengua española. Fonética y fonología. Espasa.).

Otros de los conceptos novedosos sobre los que trata Robles es la entonación y sus valores pragmáticos, pues reconoce que “un mismo individuo suele variar la pronunciación según su estado de ánimo y, sobre todo, según diversas articulaciones o soldaduras de las voces” (La Escuela Moderna, n.º 148, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 17).

4. RAMÓN ROBLES, LA PRENSA Y LA HISTORIOGRAFÍA DE LA FONÉTICA

 

La prensa, como ha quedado demostrado, constituye una fuente esencial para la historiografía de la fonética y de la fonología del español, especialmente a finales del siglo XIX y en los primeros años del siglo XX.

Los artículos de Ramón Robles, pese a no tener formación como fonetista ni a haber investigado empíricamente los sonidos del español, resultan una aportación original y crítica a la historia de la fonética. En ellos, teniendo presentes numerosas fuentes y las últimas novedades aparecidas sobre todo en Europa, trata sobre fonética articulatoria, sobre fonética y ortografía, sobre fonética acústica, sobre diptongos y tendencias antihiáticas, sobre variación, sobre la importancia de la educación fonética , sobre el acento o sobre la sílaba, convirtiendo así a la prensa en un foro de debate y discusión esencial para entender el origen y evolución de la fonética en España, pues desde mediados del siglo XIX se había producido un importante interés por el estudio del sonido en todas sus vertientes que, como se ha visto, no se publicó solo en textos canónicos.

DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES

 

Los/as autores/as de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.

FUENTES DE FINANCIACIÓN

 

Este trabajo se enmarca dentro del Proyecto de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación “Biblioteca Virtual de la Filología Española. Fase IV: implementaciones y mejoras. Metabúsquedas. Gestores bibliográficos” (PID2020-112795GB-I00).

DECLARACIÓN DE CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA

 

M.ª Ángeles García Aranda: Investigación, Redacción – revisión y edición.

FUENTES PRIMARIAS

 

1 

El lenguaje (1912, 1913, 1914).

2 

La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905).

3 

Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912).

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4 

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9 

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11 

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29 

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38 

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NOTAS

 
1 

Ramón Robles dice representar con h “la explosión gutural que sigue a la k” (La Escuela Moderna, n.º 149, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 113). En su Ensayo general de fonética, Robles afirma que los sonidos oclusivos constituyen “un soplido explosivo que en castellano se combina siempre con la voz de la glotis, o vocal, y a la cual explosión precede necesariamente un silencio momentáneo durante el cual el aire de la expiración se encuentra un instante contenido por la oclusión […], representa, pues, dos elementos consecutivos: un silencio y una voz explosiva” (1900Robles, R. (1900). Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje. José María Paredes., pp. 80-81), palabras que describen los diferentes momentos articulatorios de las oclusivas o explosivas.

2 

Incluye también en esta lista la forma bibir, por la confusión [b]-[v]. Ramón Robles en su Ensayo de fonética describe un sonido labidental fricativo sonoro [v], inexistente en castellano, pero que puede aparecer “en pronunciación afectada” (1900Robles, R. (1900). Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje. José María Paredes., p. 98), documentación que coincide con lo señalado, unos años después, por Tomás Navarro Tomás (1918Navarro Tomás, T. (1918). Manual de pronunciación española. CSIC., p. 68): “hoy solo pronuncian entre nosotros la v labiodental algunas personas demasiado influidas por prejuicios ortográficos o particularmente propensas a la afectación […]. La mayoría de las personas cultas, tanto en Castilla como en las demás regiones afines, lejos de estimar la pronunciación de la v labiodental como una plausible perfección, la consideran como una mera preocupación escolar, innecesaria y pedante”. En cambio, diferencia entre la bilabial explosiva de cambiar y convenir y la bilabial fricativa de vivir, beber, lo que hace clara alusión a los dos alófonos de /b/: uno oclusivo/explosivo [b] que aparece tras consonante nasal y otro fricativo/aproximante [β] que aparece en situación intervocálica.

3 

Una constante en la obra de Ramón Robles es su queja sobre la nomenclatura de las nuevas ciencias, y atribuye al momento iniciático y fundacional por el que atraviesan la fonética y la fonología los problemas con algunas denominaciones: “estas nomenclaturas aparecen en los albores de las ciencias respectivas que empiezan a formarse, es lo más fácil que se les den nombres inadecuados, y con ellos comiencen a vulgarizarse” (1900Robles, R. (1900). Ensayo de fonética general o Análisis de los sonidos orales aplicables al lenguaje. José María Paredes., p. 19).

4 

Vuelve a retomar el asunto y a repetir algunos de estos argumentos en su artículo “los nombres de las letras” publicado en el número 32 de la revista El lenguaje (1914El lenguaje (1912, 1913, 1914).).

5 

Esta es, de nuevo, la diferencia que establecía la Academia al definir las primeras como “las que se pronuncian con solo emitir la voz, teniendo la boca dispuesta de cierto modo” y las segundas como “cada una de las que no suenan sino con el apoyo de una o dos vocales, y son el resultado de las varias articulaciones de la voz, como la b, la c, la ch, la d, la f y todas las del abecedario, excepto las vocales” (La Escuela Moderna, n.º 151, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 266).

6 

Merece la pena reproducir la argumentación de Robles en este sentido: “Y no solo cabe pronunciar estas letras [f, z, s, j, v, m] sin el auxilio de las vocales, se puede también prolongar continuadamente el sonido de muchas de ellas, y hasta variar su tono, intensidad y timbre. Tarareamos o remedamos toda una pieza musical con solo el continuo o repetido sonido de la s, de la ch, de la m o de otras consonantes […]. Con una sola m preguntamos: ¿m?, ¿qué has dicho? Con la s imponemos silencio o llamamos la atención. ¡Bf, qué calor!, ¡pf, qué peste!, son interjecciones muy usadas en nuestra lengua […]. El error de creer que las consonantes son impronunciables sin el auxilio de las vocales ha nacido de haberse hecho más notorias las articulaciones de algunas letras que las letras mismas” (La Escuela Moderna, n.º 151, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 267).

7 

En este sentido, ya señaló Antonio Quilis que “en las vocales también aparecen zonas de ruido (debidas al roce del aire al pasar por la cavidad bucal) localizadas en las altas frecuencias, y en las consonantes coexisten ‘ruidos’ y ‘sonidos musicales’. Planteada la cuestión en estos términos, solo podemos decir que en la vocal predomina la resonancia musical, mientras que en la consonante predominan los ruidos” (1993Quilis, A. (1993). Tratado de fonología y fonética española. Gredos., p. 141).

8 

Afirma Robles que “todo hipertono presupone un sonido fundamental y tanto este como el hipertono más reforzado en las cavidades del órgano fonador, y los otros hipertonos que lo son menos, todos son elementos constitutivos de la complejidad del sonido vocal. Y no solo de los sonidos vocales, sino también de los consonantes y de todos los sonidos habidos y por haber” (La Escuela Moderna, n.º 153, 1903La Escuela Moderna (1892, 1903, 1904, 1905)., p. 429), esto es, parece diferenciar la frecuencia fundamental de los armónicos y cómo la resonancia modifica la amplitud de los armónicos cuando la onda sonora pasa por las cavidades supraglóticas, lo que afecta por igual a vocales y consonantes.

9 

Ya demostró Navarro Tomás (1932Navarro Tomás, T. (1932). Manual de pronunciación española, 4.ª ed. CSIC.: 47, 83, 133), unos años después, que una vocal como /i/ presenta una abertura entre los incisivos de 4 milímetros; la consonante /p/, de 5 milímetros y la consonante /ʎ/, de 6 milímetros. Y Quilis (1993Quilis, A. (1993). Tratado de fonología y fonética española. Gredos., pp. 142-143), tras resumir los resultados de los experimentos de Straka, concluye que “bajo la acción de una articulación fuerte, el grado de cierre de la consonante es el máximo, y el de la abertura de la vocal también; en la articulación débil, la consonante tiende a abrirse y la vocal a cerrarse”.

10 

Pone también como ejemplos lo que ocurre en francés en “ne me parles pas”, en donde el núcleo de la primera sílaba está formada por la m (nm) al ser la e una letra muda; lo que pasa en inglés en “little, ladle”, donde “no se pronuncia la e, hace la l el oficio de vocal, es el núcleo de la sílaba”; o lo que sucede en Galicia, en donde “pronuncia algunas consonantes formando sílaba ellas solas, y así dicen, a-d-mi-rar-, a-d-ver-ti-r, que algunos transcriben inexactamente por adimirare, adivertire” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 9-10, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 241).

11 

Ramón Robles ejemplifica estas últimas cuestiones con varios versos que presentan sinalefas: “siem-prehan-si-do”, “sehaem-bar-ca-do”, de manera que “cesuras silábicas de un sufijo, desinencia o terminación pasan circunstancialmente a formar sílaba con elementos iniciales de otra palabra que sigue” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 103). Y lo mismo ocurre con “ma-jes-tuo-sa y-di-á-fa-na” o “ma-jes-tu-o-sa y-diá-fa-na”.

12 

Entre el que se puede considerar el canon histórico interno explícito que maneja Ramón Robles están la Real Academia Española, Hermann von Helmholtz, Fernando Araujo, Amor Ruibal (Filología comparada), Paul Passy, Eduardo Benot, Ernst Wilhelm von Brücke, Edward Sievers, Moritz Thausing, Pietro Merlo, William Dwight Whitney, Friedrich Techmer, Karl König, abate Rousselot, Mauricio Trautmann, Franciscus Cornelis Donders, Charles Wheatstone, Franz Bopp, Wolfgang von Kempelen y las máquinas parlantes o Hermann Grassmann, entre otros. Es decir, Robles había leído la obra de físicos, músicos, médicos (anatomía, laringología), filólogos, lingüistas, prosodistas y fonetistas de todos los tiempos tanto europeos como americanos, y estaba al día de los avances que se estaban produciendo en Europa en fonética experimental (diapasones, quimógrafo, resonadores), en psicoacústica, en música (establecimiento de una escala musical definida a partir de la frecuencia de la nota la, la teoría fisiológica de la música), en fonética articulatoria (desarrollo de técnicas e instrumentos para el aparato fonador, esquemas o triángulos vocálicos), en dialectología o en gramática histórica (sánscrito, lingüística indoeuropea, neogramáticos), además de en enseñanza de segundas lenguas y métodos de aprendizaje.

13 

Les reprocha Ramón Robles que clasifiquen los sonidos como dulces, ásperos, argentinos, duros, suaves, sordos, claros, obscuros, llenos, ricos, débiles, huecos, gangosos, vacíos, limpios, agrios y penetrantes, roncos, estridentes y nasales, pues “no determinan nada ni sirven más que para embrollar” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 11-12, 1911Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 375).

14 

Esta imagen y la descripción de los órganos orales, su funcionamiento y su utilización para indicar los lugares y modos de articulación de vocales y consonantes vuelven a publicarse en 1913 en el número 20 de la revista El lenguaje.

15 

Las consonantes oclusivas o silencios, según Ramón Robles, no tienen “timbre propio ni vario, naturalmente, porque no suenan, pero sí posición determinada como las consonantes, y por ello se tienen por tales” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 106).

16 

Estas cuestiones están motivadas por “la debatida cuestión de nuestra acentuación ortográfica se halla actualmente sobre el tapete, desde que la Academia publicó la última edición de su Gramática, consagrando oficialmente la supresión de las tildes innecesarias sobre los monosílabos a, e, o, u” (El lenguaje, n.º 5, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 120).

17 

Aunque no la expone con detalle, sí aspira a describir una teoría rítmica completa bien fundamentada y ejemplificada. Sí publica, en cambio, algunos escritos sobre la cesura métrica, el verso endecasílabo, la octava real española y páginas literarias que no son sino poemas con su análisis métrico correspondiente (El lenguaje, n.º 23, 1913El lenguaje (1912, 1913, 1914).; n.º 25, n.º 26, n.º 29, 1914El lenguaje (1912, 1913, 1914).).

18 

Afirma, por ejemplo, que “otras veces, por el contrario, varias palabras forman una sola agrupación rítmica, ya uniéndose unas a otras como enclíticas o proclíticas, dándolo, búscame, cuéntase, contertulio, encerrar, paracaídas, sinvergüenza, sobreescrito, sobrehueso” (El lenguaje, n.º 5, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 121).

19 

Un poco más delante, con precisión y brillantez, describe las propiedades fonéticas asociadas a los suprasegmentos y el concepto de grupo acentual: “las letras se suceden unas a otras con mayor o menor duración, con tono más o menos elevado, con su riqueza de timbres. Estos sucesivos más y menos, estas alzas y bajas en cualquiera de los caracteres de los sonidos orales, constituyen culminancias cuyo núcleo o vértice está formado por las letras prominentes en virtud sobre todo de la mayor sonoridad natural o característica de su timbre, o bien por una mayor intensidad o cuantidad accidental; culminancias alrededor de las cuales se agrupan los sonidos menos eminentes, juntándoseles como en dependencia, y participando en cierto modo de su propio ser” (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 172).

20 

Robles se muestra contrario a la utilización del acento en estos últimos casos: “el emplearlo como signo diacrítico para la distinción de palabras de diferente categoría es innecesario, pues el contexto nos indica esa distinción, por la función de cada una de ellas en la frase” (El lenguaje, n.º 5, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 124).

21 

Llega afirmar Robles que “los grandes enredos de nuestra acentuación están precisamente en los diptongos, de aquí la conveniencia de tener muy presentes estas nociones generales de rítmica” (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 173).

22 

Entre los primeros están las secuencias de “vocales de la misma sonoridad, pero de opuesta gravedad, son diptongables cuando se emiten con igual fuerza y cuando la segunda es más fuerte que la primera: iu, ui, eo, oe, iú, ui, eó, oé”, las “vocales de diferente sonoridad, siendo tenue la prepositiva, pueden diptongarse si no llevan acento, o si lo llevan en la pospositiva: ia, ua, io, uo, ie, ue, ea, oa, iá, uá, ió, uó, ié, ué, eá, oá” y las “vocales de diferente sonoridad, siendo más sonora la prepositiva que la pospositiva, son diptongables cuando ninguna lleva acento”. Para los triptongos operan las mismas reglas.

Entre los segundos se encuentran, en cambio, las secuencias de “vocal tenue fuerte con sonora, o viceversa: ía, úa, aí, aú, ío, úo, oí, oú, íe, úe, eí eú, éa, óa, aé, aó”, o “vocal fuerte con larga de la misma sonoridad pero de gravedad diferente: óe, éo, úi, íu”, o dos vocales iguales (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 174 y ss.).

23 

En el número 10 del mismo año, vuelve a insistir en la misma idea: “Por esta ignorancia del acento y de la diptongación castellana, los malos poetas (y los buenos) desnaturalizan nuestra ortofonía y estropean prosódicamente muchas palabras, que, por carecer de una notación acentual más adecuada, no pueden fijarse por escrito en cuanto a su prosodia. Y de aquí nace la indecisión fonética de ciertos vocablos, la doble rítmica de algunos, la viciosa pronunciación de muchos” El lenguaje, n.º 10, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 254).

24 

Ante los problemas que, según Robles, genera la nomenclatura sobre la diptongación (“el tecnicismo prosódico de la diptongación es harto confuso, impropio y en cierto modo innecesario”), él opta por utilizar solo los términos de diptongación y adiptongación (El lenguaje, n.º 7, 1912El lenguaje (1912, 1913, 1914)., p. 175).

25 

En las ediciones anteriores del texto ortográfico, la Academia había preferido no caracterizar las agrupaciones tautosilábicas, “la disputa de si la Lengua Española tiene, ó no diphthongos, y tripthongos, esto es, que una, dos, ó tres vocales juntas constituyan una sýlaba, toca tambien á la Prosodia, ó más propriamente á la Gramática, y su decisión es difícil, y que pedía una larga disertación, fuera de ser nada útil a la Orthographía. Lo cierto es que si nuestra Lengua tiene diphthongos, y tripthongos, son todos abiertos, esto es, en ellos se pronuncian todas las vocales […]. Por esta reflexión ha determinado la Academia excusar en este tratado la resolución de esta disputa; reservándola para sus proprias facultades (1741Real Academia Española (1741). Otographía española. Imprenta de la Real Academia Española., pp. 238-240).

26 

Las palabras de Ramón Robles al respecto son las siguientes: “Y, finalmente, por ser la sílaba elemento tan distinto de los constitutivos verdaderos de la palabra [es decir, de su constitución morfológica], se explica también que las divisiones silábicas no coincidan las más de las veces con aquellos elementos significativos que integran los vocablos. Así no se divide silábicamente pan-ad-er-ía, sino pa-na-de-ría, no bal-con-es sino bal-co-nes, no duc-al-es sino du-ca-les […]. Lo cual no se opone a que a veces, las menos, pueda coincidir la división silábica con la distribución de elementos componentes de la palabra: vos-o-tros, no-o-tros, dis-po-ne-mos” (Revista de archivos, bibliotecas y museos, n.º 16, 1912Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871, 1911, 1912)., p. 103). Si bien reconoce que la división silábica (una consonante entre dos vocales forma sílaba con la vocal siguiente) se puede aprender y dominar pronto, la división a partir de criterios morfológicos y semánticos, en cambio, solo pueden practicarla los filólogos.